Hoy en día es común encontrarse en conversaciones en las cuales se menciona la situación económica del país. Muchos comentan que la mendicidad y la venta ambulante han aumentado.

En el bus, durante el trayecto a tu sitio de destino, sube más de un vendedor, expone la situación que atraviesa y lo que vende, extiende el producto a cada usuario esperando que lo reciban y se animen a adquirirlo. Al preguntar a algunos conocidos si compran a vendedores ambulantes. Muchos dicen que no. A continuación algunos porqués.

  • No, porque he sido intimidado por los mismos vendedores para obligarme a comprar.
  • No, menos aún si venden con niños en brazos (no sé si el niño está dormido porque tiene sueño o porque está drogado) o los vendedores son niños, porque no apoyo la explotación infantil.
  • No, porque he visto a los mismos vendedores por meses o años con la misma historia de que han llegado a la ciudad sin nada hace tres días.

Al preguntar si dan dinero a personas que piden dinero para comer, su respuesta muchas veces es "No", porque cuando lo hacía, más de una vez encontré a los mismo que pedían una monedita para comer borrachos o drogados, después de haberlos ayudado. Sostienen que no saben quién dice la verdad y quién no.

Con todos estos antecedentes muchos se han vuelto reacios y desconfiados a la hora de ayudar económicamente, otros no lo hacen porque no cuentan con los recursos económicos, en ambos casos hay buenas noticias. Si tienes los recursos económicos y deseas que tu dinero se invierta en pro de algo específico como alimentación, puedes dirigir tu donación a alguna organización, grupo o ministerio que se dedique a eso. A lo mejor, te sientes limitado por no tener los recursos económicos para ayudar, pero cuentas con tiempo, puedes invertirlo ayudando a otros, en una fundación u organización si ese es tu deseo.

De la misma manera, muchos continúan ayudando a quien le pide una monedita para comer, les dan el dinero o les compran alimento. Muchos apoyan a los vendedores ambulantes con el afán de ayudar no solo al vendedor, si no a la familia que representa. Todo dentro de sus posibilidades. Esto es muy noble y nos invita a seguir creyendo en la gente, muchos quizás piensan "no tengo la certeza de que me dice la verdad, pero decido creerle y mi ayuda o colaboración es de corazón".

Y esa es la clave, dar de corazón, con una actitud adecuada, sin esperar recompensa de ningún tipo. Recordando que el dar es la forma práctica del amor, no hay forma de amar que no sea el dar.

Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría. 

2 Corintios 9:7 (NVI)