El Mundial de fútbol empieza a emocionar al continente entero con la fiesta y a la vez drama y tensión de las eliminatorias.
Anoche jugaba la selección del Ecuador contra la Verdeamarilla, el claro favorito a clasificar. El Ecuador entero estaba en vilo pues la Tricolor tenía la oportunidad de sorprender y ganar a Brasil para ubicarse en la tercera posición, pero lamentablemente no fue así. Perdió el partido y la decepción se apoderó de la hinchada.

La decepción proviene de expectativas no cumplidas. A veces, las expectativas no se cumplen porque estas no son realistas, o porque alguien más no cumplió con su compromiso, o no cumplió con nuestras expectativas. (ver ganar a nuestra Tricolor). A veces, los acontecimientos que nos rodean cambian inesperadamente. La vida puede ser decepcionante.

La fe no nos hace inmunes a la decepción, pero nos ayuda a tener paciencia. Sabemos que Dios está cumpliendo sus propósitos. Al observar la vida de José de la Biblia, quien sufrió un revés tras otro sólo para finalmente ser utilizado por Dios para salvar a toda una nación, nos damos cuenta de que la vida no se trata solo del momento en el que vivimos. Hay esperanza. Hay un mañana más brillante.
Pero conocer esta verdad, no nos quita el aguijón de las decepciones. Las relaciones rotas, ya sea por muerte o rechazo o por alguna otra causa, nos lastiman el corazón.
El fracaso, en cualquier forma, puede perseguirnos durante años. Aprendemos a decirnos a nosotros mismos: «No soy lo suficientemente bueno» u otras conversaciones internas falsas y dañinas. Es así que no solo experimentamos la decepción; sino que creemos que somos una decepción.
Y todos, sí TODOS, luchamos con esto. Es parte de la condición humana causada por la necedad de vivir lejos de Dios. C.S. Lewis dijo: “Dios nos permite experimentar los puntos bajos de la vida para enseñarnos lecciones que no podríamos aprender de otra forma.” En otras palabras, incluso los momentos de decepción pueden ser redimidos por Dios como parte de Su plan y propósito general.
El dolor y las expectativas no satisfechas pueden ayudarnos a comprender mejor nuestra dependencia de Dios, fuente de nuestra esperanza. Nuestra paciencia ya no es un optimismo ciego, sino que tiene su origen en la base sólida de los propósitos eternos del Dios Creador (aunque estemos confundidos, heridos y…decepcionados).
Nada de esto sugiere que una vida de fe sea un paseo alegre por la tierra de los unicornios y el arco iris. Jesús lloró por la muerte de su amigo. A pesar de nuestro deseo de representar bien a Cristo, todavía haremos y diremos cosas insensatas que lastimen a otras personas. Y seremos lastimados por ellos.
Pero recordemos que tan real como es el dolor, lo es la compasión de Dios. Tan real como es la traición, es la fidelidad de nuestro Dios Creador. Tan real como es la confusión, es la claridad de las verdades de la permanente providencia y presencia de Dios.
Siempre tendremos decepción, pero siempre tendremos esperanza porque hay un Dios que creó el universo y todo lo que existe. Y no hay otro Dios. ……
Y sí.. tengo esperanza que la Tricolor gane su próximo partido y clasifique al mundial.