Mami, te cuento una historia… ¡Había una señora alta, alta, muy alta, tan alta, que, en lugar de cumplir años, cumplía metros!!! J J Esta es una de los primeros chistes que me han contado mis nenas y sin duda me divierte, porque se les empieza a ocurrir cosas graciosas que están en su imaginación.

El ser mamá primeriza trae consigo una lista interminable de historias, pero en este caso, hablemos de lo que nos ha hecho reír y lo valioso que es atesorar estas novatadas de mamá.

  • El primer baño: Mientras cuentas sobre esto, habla sobre el cuidado de su ombliguito, la manera cómo Dios lo diseñó para alimentarse por medio de ti, quizá alguien te ayudó a hacerlo, qué aprendiste ese día.
  • La primera vez que lactó (de verdad): Es realmente increíble la conexión que existe por medio de la lactancia, lo que pasaba por tu mente en esos momentos, lágrimas de felicidad y ahora una nostalgia de esos días.
  • El primer cambio de pañal: Recuerdo que parecía que la bebé sabía cuándo el pañal estaba limpio para poder ensuciarlo nuevamente, pensé varias veces que tenían un sensor en su cuerpito que les avisaba que lo podían hacer.
  • El primer viaje: Me acuerdo de esto y me muero de la risa porque parecía que iba a cambiarme de casa, llevé todo lo que se me pudo ocurrir que pasaría: si se enferma, si no duerme, si hace calor, si hace frío, si estornuda… fui muy intensa en nuestro primer viaje… pero funcionó.

En medio de todas tus novatas ¡ríe!  la risa, es un remedio que cambia situaciones de enojo y tensión en casa. Ríe con tus hijos, disfruta de recordar junto a ellos todas las peripecias que has tenido que pasar ejerciendo este rol maravilloso de la maternidad, agradezcan juntos al Señor por permitirles ver sus fotos de bebés y ver el cuidado y la fidelidad de Dios en cada área de sus vidas, sean gratos aún en medio de situaciones difíciles. Todo aporta a su identidad como hijos de Dios.

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