Aquel que esté dispuesto a sostenerlo en tus días grises y en aquellos donde luces tus mejores colores.

Aquel que te acepte, pero te empuje a ser la mejor versión de ti mism@.

Aquel que te abrace sin pedírselo y te sorprenda leyendo tus ojos cuando calla tu boca.

Aquel que se sienta orgullos@ de caminar de tu mano.

Aquel a quien sepas podrás confiarle el fruto de tu vientre, que ame tus cicatrices.

Aquel que, en lugar de heridas, deje huella en tu historia.

Aquel que no dude, que sea valiente, que se fortalezca en tus brazos.

Aquel que te honre cuando estés presente y ausente.

Aquel que quizá no hable mucho, pero que grite con sus actos que te ama…y que lo hará el resto de la vida.

No, no todas las personas son iguales, y no deberíamos dejar de creer en el amor saludable y con propósito, que Dios diseñó, solo porque alguien no nos valoró, o porque nosotros mismos escogimos a la persona equivocada.

Siempre tendremos la oportunidad, de volver a empezar.

Porque el amor que nace del corazón de Dios, si existe…. y nosotros debemos estar dispuestos a entregar lo mismo de vuelta.

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