Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa.

Isaías 41:10 (NVI)

Estoy seguro de que has escuchado la expresión: «¡La miseria ama a la compañía!» Eso generalmente tiene una connotación negativa, pero al mismo tiempo contiene una realidad básica. Cuando las cosas en la vida parecen desmoronarse, parece imperativo que tengamos a alguien cerca para ayudarnos a soportar la carga.

¿Qué sucede cuando sentimos que estamos solos en el momento de la dificultad? La respuesta es que nos cuesta mucho más lidiar con las cosas.

Los problemas pueden ser catastróficos o en varias etapas de dificultad.

Al ver los ejemplos en tu propia vida  puedes ver que todos podemos pasar por momentos en los que nos sentimos completamente solos. Elías era un gran profeta y parecía que sentirse solo no sería un problema con el que tendría que lidiar. Pero ese no fue el caso. En 1 Reyes 19:10 leemos sobre la sensación de soledad de Elías: «Él respondió: ‘He sido muy celoso por el Señor Dios Todopoderoso. Los israelitas han rechazado tu pacto, derribado tus altares y han matado a tus profetas con espada. Soy el único que queda, y ahora ellos también están tratando de matarme «.

Job desde su lado, al perderlo todo y sufrir lo inimaginable permaneció en la verdad de la presencia de Dios en su vida. Fue roto y despojado hasta de la más mínima posesión física y emocional en su vida, sin embargo sus labios siempre le daban la gloria a Dios como único hacedor de su vida.

Cuando leemos las Escrituras de hoy, vemos que cuando somos hijos de Dios, nunca estamos solos. No solo tenemos Su presencia, sino que también tenemos Su fuerza. Cuando sentimos que las cosas son demasiado para nosotros, debemos recordar que Él dice que no debemos temer ni estar deprimidos. ¿Por qué? Porque nunca nos deja ni nos abandona.

Es fácil llegar a ser tan superado con nuestras circunstancias que olvidamos que Dios tiene un plan y un propósito para nuestra vida. En medio de nuestro dolor y soledad, Él extiende sus brazos y nos llama a venir a él. No te dejes atrapar en la trampa de sentir que no hay esperanza.

Dios no trabaja en el mismo horario que nosotros. José atravesó años de soledad antes de que Dios lo elevara a la posición de poder salvar a su familia. Moisés tuvo que pasar 40 largos y solitarios años en el desierto antes de que Dios lo llamara desde la zarza ardiente y lo enviara para sacar al pueblo de Dios de la esclavitud.

Cuando sientas que estás solo y olvidado, lee el pasaje de hoy una vez más y recuerda que fue hecho para ti.  NO ESTÁS SOLO; EL SIEMPRE ESTÁ CON NOSOTROS, INCLUSO EN LA NOCHE MÁS OSCURA!. Camina con Dios hoy. Confía en Él completamente y sé de bendición a otros.

 

ESCRITO POR: Jorge Luis Rodríguez

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