“La política es una mala palabra porque así la entendieron los políticos tradicionales”. Jaime Roldós Aguilera, ex presidente de Ecuador, Agosto 10 de 1979 a Mayo 24 de 1981.

¿Cómo llegué a interesarme en la política, en algunos de sus protagonistas, sus frases célebres y hasta en sus programas y principios ideológicos? Respondo, por casualidad. Si bien no soy político, desde mi ámbito de comunicador social o periodista he visto de muy cerca el accionar político en mi país.

Cuando cursaba el segundo año de comunicación social en la universidad, intenté hacer una pasantía en una emisora de radio en Quito. Quería practicar en un segmento deportivo de la emisora. Sin embargo, el director de este medio me entregó una grabadora de casete y me envió a la Cámara Nacional de Representantes, hoy Asamblea Nacional. Tenía veinte años.

Vinieron las coberturas periodísticas diarias. Al escuchar las intervenciones de algunos diputados que después se convirtieron en presidentes del país y a ex mandatarios que formaban parte de ese poder legislativo, aprendí mucho. Al mirar de cerca a ex jefes de estado como Carlos Julio Arosemena y Otto Arosemena y a futuros gobernantes como León Febres Cordero, Rodrigo Borja Cevallos y Sixto Durán Ballén, me fui apasionando por la política partidista.

Por supuesto, no toda la práctica política parlamentaria me llegó a gustar. De forma cotidiana, en los pasillos del palacio legislativo, se hablaba del famoso “hombre del maletín”. Este personaje, supuestamente, repartía dinero para conseguir votos al interior de la función legislativa para favorecer la aprobación de una ley o para evitar la censura y destitución de un funcionario del ejecutivo.

También me provocó frustración y fastidio las promesas de candidatos que en casi todas las campañas electorales ofrecían un sin fin de cosas con tal de obtener el voto del pueblo. Luego, al llegar al poder, se olvidaban de sus ofertas.

Paralelamente siguieron estudios, lecturas de artículos periodísticos y libros, discusiones interminables sin ganadores ni perdedores sobre política. Después vino la actividad profesional, entrevistas a protagonistas del quehacer político nacional e internacional, tanto del ámbito legislativo, ejecutivo, académico, empresarial, sindical, entre otros. La política en sí no me ha decepcionado, sí la práctica de algunos de sus actores. Varios protagonistas han sido de confesión evangélica, con distinta incidencia pública.

En meses y días previos a una elección, es muy común escuchar y participar de reuniones familiares y de amigos que dicen detestar “la política”, aunque más a algunos de sus actores porque los asocian con todos los males del país, especialmente la corrupción. Las discusiones se ponen candentes y terminan dividiendo a los grupos familiares o de amigos. Difícil ponerse de acuerdo a favor de uno u otro candidato. Lo malo de estos “diálogos” es que no se dan con fundamentos si no que, por la pasión del momento, se van a la agresión verbal personal. No todos están informados de los entretelones que tiene un proceso electoral en marcha.

El próximo domingo 07 de febrero de 2021, unos 13 millones de ecuatorianos/as estamos llamados a las urnas para votar por un binomio de presidente/a y vicepresidente/a de la república. También debemos elegir 137 asambleístas, entre nacionales y provinciales. Además, recibiremos una cuarta papeleta para escoger cinco parlamentarios andinos.

Los/as ciudadanos/as acudiremos a sufragar en medio de la pandemia de Covid-19 y antes que llegue la vacuna a nuestro país, porque se ha anunciado que estará en Ecuador el mes de abril.

Creo pertinente, antes de ir a sufragar, estar informados de los/las candidatos/as y algo de sus antecedentes. La función que quiere desempeñar. Si desea ser asambleísta, qué puede y no puede hacer desde esa Función del Estado. Principalmente, un asambleísta debe legislar, hacer leyes, y fiscalizar al poder ejecutivo. Si busca la Función Ejecutiva, conocer cuáles son las principales responsabilidades del presidente/a que vamos a elegir. El manejo del presupuesto del gobierno, es una de las atribuciones del ejecutivo. Debemos saber lo que hizo este/a candidato/a en el servicio público o privado antes de buscar ser elegido/a.

Algunos años atrás se predicaba que “la política es del diablo”. Pocos cristianos evangélicos querían saber algo de la POLITICA con letras mayúsculas. Sin embargo, sin haberse preparado, algunos llegaron a ejercer alguna función política en el poder ejecutivo, legislativo, municipal o provincial.

En la actualidad, pienso que los creyentes sí debemos participar en la política. Pero con un llamado a servir al bien común desde esa instancia de poder. Para hacerlo se debe involucrar en un partido o movimiento político, ganar una elección popular y ejercer el cargo para el que fue elegido.

Pero, la participación política no debe limitarse a lo partidista. Hay otros espacios para servir a los demás políticamente hablando. Un comité barrial, una junta directiva de alguna institución, desde una organización no gubernamental promover la aprobación de una ley o disposición municipal a favor de causas justas.

Recordemos que Jesús nos mandó a servir a los más necesitados, no a nosotros mismos. En la versión Dios Habla Hoy de la biblia, Mateo 25:40, leemos “…Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron.” Si alguien tiene llamado a servir al prójimo desde un espacio político bienvenido sea, pero vaya preparado porque no es fácil, puede sucumbir a las tentaciones del poder político o económico. Quizá, si no está preparado, puede cometer muchos errores. No vale improvisar.

La Ciencia Política es una herramienta que nos ayuda a ejercer el poder de un estado o nación mediante el servicio al pueblo. En términos más amplios, la expresión política puede ser usada como un conjunto de reglas o normas de una determinada institución. Tiene sus orígenes con el filósofo griego Aristóteles. En significados.com encontramos que la palabra “política proviene del latín politicus y este término del griego politiká, una derivación de polis que designa aquello que es público, o politikós, que significa ‘civil, relativo al ordenamiento de la ciudad o los asuntos del ciudadano.”

Actualmente, muchos actores o sujetos políticos en campaña ofrecen todo, pero ya en el poder se dedican a servirse a sí mismos o a quienes los financiaron. Se olvidan del pueblo que los eligió. Lo lamentable es que esto es lo más común y ha provocado que la gente se decepcione de sus gobernantes.

En el Antiguo Testamento de la Biblia vemos algunos ejemplos de hombres de Dios que no dejaron de servirle y estaban involucrados en política al más alto nivel. Un caso es Nehemías, como copero del Rey o primer ministro, servía desde altas esferas del poder político de su tiempo y en un reinado que había oprimido al pueblo de donde era originario este profeta. Se entera de la ruina de su pueblo, se humilla, ora al Señor, ayuna, se lamenta, concibe un plan y va por la reconstrucción de su pueblo, venciendo obstáculos, pero siempre con la dirección de Dios. Lo logra, no se queda quieto.

Para concluir, voy a citar al teólogo ecuatoriano radicado en Argentina, C. René Padilla, quien hablaba “del Poder del Amor y no del amor al poder”. Pues con todo el Poder que emana del dador de Amor, se puede servir de manera íntegra al necesitado y no obsesionarse con el amor al poder para servir a obscuros intereses que, desde luego, no son divinos. En un contexto político, ahí está el desafío.

 

ESCRITO POR: Edwin Chamorro Erazo