Soy pequeña, delgada, cabello un poco rizado, pero… ¿cómo soy por dentro? Hay momentos en los que puedo describir solamente mi temor y ansiedad. Soy una mamá de carne y hueso y no puedo negar que esta época ha golpeado fuerte mis emociones y he subido al podio para recibir medallas de oro vez tras vez, el proceso para recuperar lo que perdí ha sido lento, pero Dios va dirigiendo mis emociones, sanando algunas de ellas y restaurando unas pocas más.

Quiero dar un vistazo al punto donde todo comenzó, di un freno a raya a la vida rápida y alocada que estaba viviendo. Debíamos estar en casa, sin horarios, sin fechas, sin mi planificación minuciosa del día a día porque cada plan se había modificado por la nueva realidad. Simplemente me sentí sin brújula y toda la vista hacia el frente se me nubló.

Las noticias de la pandemia llegaban muy de prisa, las redes sociales nos bombardearon de datos del mundo entero, mucha tristeza, dolor y pérdidas que se escuchaban día a día, no quiero describirte los momentos que más me paralizaron mis emociones porque esta lectura sería de terror y lo que quiero es animarte a descubrir que hay una esperanza aún en medio del temor. Como dice Max Lucado en su libro Sin Temor “No podemos escoger si las tormentas van a venir o no. Pero sí podemos decidir dónde vamos a fijar la vista en una tormenta.” Te invito a acompañarme en este proceso y escoger una sola dirección en el camino.

Pensar en estar ausente en la vida de mis hijas, me ha llevado a un exceso de cuidados y un encierro que en cierto punto no es saludable. Pero puedo decir que en ese exacto momento dónde he estado, sin salida, lo único y más grande que me ha sostenido ha sido la presencia de nuestro Padre, quien con ternura y paciencia me ha dado la valentía para dar los pasos necesarios y seguir.

Hubo días que amanecí con fuerzas, animada, con el impulso de un generador eléctrico, sin embargo, después de minutos nuevamente me encontraba dudando del propósito de ese día y del sin fin de actividades por cumplir. Ocuparme en el trabajo desde casa y luego una parte en la oficina, me ayudó a ver la realidad desde otro punto de vista, al hablar con otras personas, en lugar de ser yo quien anima o proporciona tranquilidad, ha sido mi terapia para ver lo que Dios hace en la vida de los demás y cómo cumple Su Propósito aún en medio de cada situación dura que atravesamos.

Ocuparme del menú diario en los días de confinamiento, me dio un refugio antes desconocido para mí, si bien es cierto, siempre me he considerado apegada a las cosas de la casa, el orden, tener la ropa limpia, y todo eso… siendo muy sincera, me dedicaba a la cocina solo el fin de semana ya que de lunes a viernes todo era al apuro y corriendo. Te confieso que descubrí el suquini, la col morada y la coliflor y aún cuando preparaba estos alimentos sentía un profundo agradecimiento al Señor por Su provisión, a la vez una gran preocupación por las personas que pasaban hambre. Nuevamente sentimientos encontrados que no me podía explicar.

El contacto con los demás!! Qué difícil volver a lograrlo, todos hablan del distanciamiento físico y social, mi lenguaje fue cerrarme y encerrarme totalmente.

Comencé a preguntarme cómo recuperar todo lo que perdí, lo que yo misma dejé escapar, quizá mi fe fría, verle a Dios tan distante como para cederle mi vida y mi familia. Lo descubrí y, ahora sé que mientras mi miedo o ansiedad crezcan, más pequeño le hago a Dios. Me limité totalmente a disfrutar de sus bondades a mi vida, perdí la seguridad de lo que estaba haciendo y lo que era mejor, comencé a dejar una herencia en mis hijas que inconscientemente les hace daño.

Esto de verme reflejada en Dani y Emi, tal cual un espejo, me dolió muchísimo y me hizo notar uno de mis tantos errores, ahora que estamos en época de vacaciones escolares en el lugar donde vivimos, las tuve que exponer con los amiguitos cercanos a la casa, pero… un gran pero!!! no querían salir y eso me confrontó totalmente y me llevó a ver como una película todo lo que sembré en este año, hasta usaban mis mismas palabras para poner excusas para desarrollar una amistad ¿Qué hice?

Creo que era el momento que Dios estaba esperando para que me diera cuenta de muchas cosas, entre ellas mi dependencia de mis fuerzas y mis capacidades, la Palabra del Señor no puede faltarme para vencer estos miedos, pero no como lo había hecho en muchas ocasiones y como lo explico en una frase que escuché en este tiempo “Aquellos que leen rápido la palabra no obtienen mayor provecho del que consigue una abeja que, en lugar de extraer el polen, toca solo superficialmente la flor”. La fuente, ese es el secreto revelado una vez más a mi vida para recoger las huellas que he dejado en este tiempo, diferente para todos, pero que nos ha hecho ver diferente todo.

Lo más importante es que podamos ver el corazón, pero el corazón de Dios reflejado en Su Palabra, el mismo que está dispuesto a amarnos y acariciarnos para aliviar el miedo y el temor que domina nuestras vidas. Ahora sigo buscando la medalla, pero quiero ganar una, solo una, la que me asegure que todo quedó atrás y que nuestro Dios Redentor está colocando en mi vida.

 

ESCRITO POR: Manuela Dávila