Los años no pasan en vano y eso es motivo de alegría. Mirar atrás y ver que hemos caminado un largo trayecto nos recuerda muchas cosas.

  • Que las arrugas aparezcan es una demostración de la fidelidad de Dios al brindarnos años de vida.
  • Que la velocidad y agilidad no sea la misma no es un pesar, es un aviso de que hay que tomarse el día a día con más calma.
  • Las canas y su brillo nos recuerdan que empiezan nuevos tiempos, menos complicaciones por el peinado y más oportunidad de enseñar lo que vivimos.
  • Siendo sinceros, la sabiduría no viene con los años y eso lo vemos en adultos que, a pesar de llevar tantas décadas en este planeta, aún no se comunican con prudencia. La verdad es que la sabiduría viene de Dios y así como un niño aprende de un anciano, un anciano aprende de un niño. Ser aprendiz toda la vida es una muestra de sabiduría.
  • Podemos ocultar con cremas e inyecciones las muestras en la piel del paso de los años, pero aquellas arrugas hermosas en el corazón, esos pliegues formados con los años encierran historias.
  • Haber caminado un poco más que otros no nos hace más importantes, sino más responsables. Nos brinda la oportunidad de ser guías para otros.

 

Miremos el tiempo que tuvimos como un regalo, y miremos el tiempo que tenemos como otro regalo. El pasado no es para cargarlo ni para añorarlo, es para recordar y comprobar que Dios siempre estuvo. Y si estuvo con nosotros, seguirá con nosotros, aunque pintemos canas o las cubramos con otro color 🙂

 

 

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