Te has dado cuenta que hasta los doctores llaman a los usuarios «pacientes», esperamos ser atendidos, esperamos sanidad, esperamos la intervención divina de Dios; en la vida esperamos muchas cosas.  Esa espera debe estar llena de fe y confianza de que Dios está obrando para nuestro bien.

 

En otras palabras: no hay que «desESPERARse». Ser pacientes conlleva disciplina y control de nuestras emociones. Como seres humanos nuestra área emocional desea las cosas de manera inmediata. Como niños pequeños queremos que nuestros problemas se solucionen con una oración; o deseamos obtener ese bien, trabajo o sueño sin construir camino.

Dios sabe lo que nos conviene y el momento exacto que requerimos de ellas; o tal vez sino nos convienen definitivamente.

Toda situación requiere de paciencia y esta conlleva confianza en Dios. Descansar plenamente en él sabiendo que reposamos en la palma de su mano. Ser paciente es saber que Dios tiene el control.

 

La paciencia habla mucho de ti, devela quién eres y en quién crees. Mientras más apegado vivas de Jesucristo, aprenderás a caminar en la vida esperando sus indicaciones y a obedecerlas en el momento que señale, teniendo la certeza que su voluntad para ti es buena, agradable y perfecta.

 

Se paciente y mientras esperas deléitate en Dios y él hará.

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