Leer: Romanos 8:14-17; Juan 1;12

Cuando nace un bebé es común que la gente diga algo como. "Mira, tiene los ojos del papá." O "Es igualito a la mamá".

Mi pregunta para tí es: Cuando una persona mira tu vida ¿A quién te pareces?

¿Pareces un hijo de Dios, o pareces hijo de alguien más?

1.Un hijo de Dios conoce a su Padre

Muchas veces he visto a un padre con su hijo y veo que son iguales. Hablan similar, actuan similar, incluso puede que estén vestidos de manera similar. ¿Pero cómo logra el hijo aprender tanto de su Padre? Pasando tiempo con él.

Lo más importante para parecernos a nuestro Padre celestial es pasar tiempo con Él. El salmista cuenta que desde el vientre de nuestra madre, como padre tierno, Dios nos conoce y nos ama. Él desea pasar tiempo con nosotros. Pero como adolescentes rebeldes, nos alejamos del Padre y ya no pasamos tiempo con Él. Ya no recordamos el sonido de su voz, no conocemos sus hábitos, sus gustos. Confundimos lo que Él quiere que hagamos con otras cosas, porque no hemos pasado tiempo hablando con Él y escuchándolo a Él.

Si tu quieres ser considerado un hijo de Dios (cristiano), debes pasar más tiempo con Él y reconocer su voz cuando te habla. Debes conocer a tu Padre. Habla con Él en oración y escucha su voz leyendo la Biblia constantemente.

2.Un hijo de Dios imita a su Padre

Cuando empiezas a pasar tiempo con una persona, inevitablemente empiezas a parecerte a ellos. Tus gustos de comida, de música, de entretenimiento... entre más tiempo pasan juntos, más se conocen y más se parecen entre los dos.

De igual manera cuanto más tiempo pasas conociendo a Dios, más empiezas a parecerte a Él. Empiezas no solo a reconocer los gustos de Dios, sino que se vuelven tus gustos también. Empiezas a ver lo que no le gusta y tampoco a tí te agrada. El progreso natural de pasar tiempo conociendo a Dios es que Su naturaleza santa empieza a reflejarse en tu vida.

Muchas veces la gente dice "Es muy dificil, ¿cómo puedo hacer lo que Dios me pide?". Es imposible. Tu naturaleza humana no te lo permite. Pero mientras más tiempo pasas conociendo a Dios, más cambia tu naturaleza. Y cuando es Cristo el que vive en ti, ya no tienes la misma naturaleza de antes, y entonces pensarás "Es muy dificil, ¿cómo voy a hacer algo que no le agrada a mi Padre?"

3.Un hijo de Dios hereda de su Padre

Los padres casi siempre acumulan riquezas para poder entregar a sus hijos como herencia. Se esfuerzan toda la vida para que al partir, sus hijos puedan tener suficientes recursos para continuar una buena vida. Y nuestro Padre Celestial es similar.

La diferencia con la herencia de Dios es que no depende de su muerte sino de la nuestra. Cuando morimos a nuestra naturaleza humana y permitimos que Dios tome el control de nuestra vida, entonces empezamos a heredar lo que tiene Dios para nosotros. La vida eterna no es algo que esperamos al morir físicamente, es algo que empezamos a disfrutar desde aquí en ésta vida, porque la vida eterna es una vida junto al Padre (Juan 17:3).

Como al hijo prodigo, Dios nos entrega nuestra herencia antes de la muerte, pero de nosotros depende qué hacemos con ella. ¿Vamos a desperdiciar lo que Dios nos ha dado? o ¿Vamos a utilizarlo como Él quiere?

 


 

Lo importante de ser hijos de Dios no es el título, o las riquezas del cielo, o algún conocimiento especial. Es simplemente el conocer al Padre, estar cerca del Él, pasar tiempo con Él. Pero la pregunta que debemos hacernos es:

¿Estoy actuando como hijo de Dios? ¿Hago honor a la familia de mi Padre? ¿O debo cambiar la manera en que vivo?