Tendemos a usar la palabra «amigo» con bastante descuido. Cualquier persona con la que tengamos algunas conversaciones, trabajemos o intercambiemos «Me gusta» en Facebook la llamamos «amigo». Esto no es necesariamente malo, pero creo que estamos perdiendo el verdadero significado de la amistad. Si no tenemos idea de cómo le va a nuestro «amigo» en su caminar con Dios, qué momentos difíciles está pasando, o con qué está luchando, tenemos un conocido, no un amigo. Tal vez las amistades son escasas en estos días, debido al costo que representa ser amigo. Tomémonos un momento para analizar este costo.

1. Cuesta sacrificio personal

A menudo pensamos en la amistad y pensamos en pasar el rato y divertirnos. Y es parte de eso. Pero la prueba de nuestro amor llega cuando nuestro amigo quiere hacer algo, o necesita algo de nosotros, que no es tan  divertido. Ahí es cuando debemos estar dispuestos a dejar a un lado nuestras preferencias personales y valorar  a los demás como más importantes que nosotros (Filipenses 2:3). Tal vez están pasando por una temporada difícil y necesitan que los escuchemos. Quizás necesitan un favor que nos resulta difícil hacer. La amistad puede ser un inconveniente personal, pero cuando llamamos a alguien amigo, estamos de acuerdo, como dice Miller «en asociarnos con ellos en la vida, para bien o para mal».

2. Cuesta tiempo

Estamos hechos para vivir en comunidad. Dios declaró de manera clara que no es bueno que el hombre esté solo (Génesis 2:18). Esto era cierto antes de la caída y es aún más cierto hoy. Pero la compañía lleva tiempo. A algunos se les hará fácil, mientras que a otros les será difícil.

3. Cuesta intimidad

¿Qué te atrajo de tu amigo? ¿Fue su sentido del humor o su inteligencia? Tal vez te atrajo su amabilidad y servicio, o sus habilidades de organización o algún otro interés que compartan. Al principio solo vemos el lado bueno de nuestros amigos. Pero si esto es todo lo que notamos, tendremos una amistad muy superficial. Todos tenemos un lado oscuro. El pecado es el gran ecualizador y nuestro enemigo es común. La amistad está diseñada para el crecimiento, pero para hacer eso necesitas conocer el corazón de tus amigos y ellos necesitan conocer el tuyo. En esto debe existir disposición para abrir nuestras vidas y nuestros corazones y dejar que otros vean. Necesitamos compartir lo bueno, lo malo y lo feo. La intimidad debe ser parte de la amistad, y tiene que ir en ambos sentidos.

4. Cuesta comodidad

La amistad es fácil y divertida cuando está llena de risas y todo se ve bien, pero ¿qué sucede cuando las tormentas golpean? ¿Qué debemos hacer cuando no estamos de acuerdo?¿Cómo debemos manejar las palabras duras que se dicen sin pensar? Sentirse herido es una respuesta natural y también lo es la tentación de volverse amargado y caminar así. Esta es la respuesta fácil y egoísta, la verdadera amistad, por otro lado, perdona y busca la restauración para avanzar juntos. Esta es probablemente la parte más difícil de ser un verdadero amigo.

5. Cuesta oración

Los amigos oran el uno por el otro. Si no oras por ellos, no eres un verdadero amigo. ¡Claro! La oración es uno de los medios por los que Dios actúa. ¿Cómo no podemos levantar a la gente que decimos que amamos en oración, intercediendo en su nombre por sanidad, sabiduría, provisión y santidad? Los verdaderos amigos entienden la necesidades de los demás y las llevan en oración a Dios.

6. Cuesta amor

El pecado se dará a conocer a medida que pasemos más tiempo con nuestros amigos, saldrá en nuestra vida y en la de ellos. No importa la fealdad que encontremos en los otros, debemos seguir amándolos. A veces los encontraremos desconsiderados y débiles, otras veces serán ellos quienes nos encuentren a nosotros de esa manera. A veces surgirá maldad y egoísmo. Cuando Dios nos llama a que seamos amigos, nos llama a amarnos y perdonarnos aún en medio del pecado cometido.

La amistad puede ser costosa, pero vale la pena.

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