Vivir para Dios no es para los débiles de corazón.

Las evidencias del poder de Dios en la historia de su pueblo, son impresionantes. En la Biblia encontramos relatos de cómo Dios ha interactuado con Su creación. Los relatos que más se destacan, por supuesto, son aquellos en los que sucede lo extraordinario: David derrota a Goliat; la mujer estéril, da a luz a un hijo llamado Samuel; la corrupción se revierte cuando Daniel sobrevive a los leones.

Nos encantan estas historias, porque en lo más profundo de nuestro ser, existe el deseo de ver victoria en la vida del débil y vulnerable, y la derrota ante los hechos injustos. Leemos estas historias y tenemos esperanza porque todos, en un momento u otro, estamos en una situación de vulnerabilidad y sufrimos injusticias.

Si bien las historias se cuentan en el contexto de la historia humana, y las personas como nosotros somos actores clave, en última instancia, estas son historias sobre Dios.

Puede estar escondido, puede parecer que aparece demasiado tarde, pero Dios siempre es el personaje principal.

A veces, como en la historia de Esther, Él nunca se revela directamente. Pero siempre está allí, siempre ocupado. Esto es lo que hace que nuestro Dios sea único. Salomón escribió en Proverbios: “Los ojos del Señor están en todo lugar, vigilando a los buenos y a los malos.” (Pro 15: 3 LBA) La injusticia no escapa de su mirada. Si bien podemos desear una solución milagrosa a nuestros problemas, el deseo de Dios es que nuestro carácter se transforme y nuestra fe se fortalezca.

¡Vivir para Dios, no es para los débiles de corazón! Sino para aquellos que están dispuestos a confiar, perseverar y soportar.

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Por | 2017-10-15T12:46:52+00:00 15 octubre, 2017|Vida Cristiana|

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