Una madre sabia enseña a sus hijos a amar y servir a Dios.

La mayoría de las veces la maternidad es un motivo de gran expectativa y gozo, pero no siempre es así. Es el caso de las mujeres que desesperadamente anhelan tener hijos y no pueden concebir, o aquellas que no están preparadas para ser madres, y les toma por sorpresa, o las madres que no disfrutan de una buena relación con sus hijos. Las exigencias de la maternidad a veces pueden abrumar y superar las alegrías. No obstante, hay una cosa que el amor maternal siempre necesita, y eso es sabiduría.

Ser una madre sabia, no significa que ella siempre tiene la respuesta correcta, que entiende cada dilema y actúa con infinita paciencia. Una madre sabia no es una madre perfecta (esto no existe), pero sí es apasionada, leal y confía que Dios siempre está actuando. Tendemos a tener altas expectativas de las madres, y probablemente la mayoría de las madres tienen incluso mayores expectativas de ellas mismas. Una madre sabia sabe cómo verse a sí misma, su rol y sus relaciones en el contexto de la verdad y el amor. Ella es a la vez optimista y realista. Y finalmente reconoce sus propias limitaciones, y descansa en el conocimiento que solo Dios es perfecto.

La esencia de una madre sabia no se encuentra en la aplicación de las últimas teorías sobre cómo criar a los hijos. Más bien se origina en la determinación de amarlos para que ellos aprendan a amar y servir a Dios y a los demás. Mientras ella busca a Dios, enseña a sus hijos a hacer lo mismo, comparte lo que ha aprendido, tanto de su propia experiencia como de las Escrituras.

  1. ¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaré. (Isa 49:15 LBA).
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Por | 2017-05-07T11:00:45+00:00 7 mayo, 2017|Familia|

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