Un hombre de influencia

Cuando un hombre desarrolla la capacidad de encontrar la causa, el origen de las cosas, los hechos, las actitudes, etc. y a esto le suma un propósito, hallará una profunda motivación para su vida.

Causalidad. Toda conducta es causada, obedece a un origen. Ante una situación dada nos comportamos de una manera y no de otra: según este principio debemos buscar la razón del comportamiento en hechos precedentes.

En el proceso de descubrir el origen de un hecho, de una conducta, ayuda mucho reunir la mayor cantidad de información que se pueda encontrar alrededor de aquello que nos inquieta. Dicha información nos ayudará a tomar más adelante una correcta y saludable reacción.

Motivación. Toda conducta está motivada por algo. En el caso de los hombres, la mayor motivación es su espíritu de competencia. El competir es propio de hombres, aún el niño pregunta quién gana y quién pierde al comienzo de un juego, no así las mujeres; ellas prefieren dejar que las amigas ganen si eso significa no perder su amistad. Por ese espíritu de competencia un hombre resulta competitivo y por ello logra las grandes hazañas. El único límite en la competencia es el respeto por la dignidad humana, pues ningún hombre debe sacrificar en el altar del éxito a las personas que al final son “su prójimo”.

Finalidad. Es el comportamiento que se establece según el propósito de vida. El hombre tiene que tomar en cuenta que cualquier objetivo, por más ambicioso que sea, debe darle un sentido de propósito trascendente a su vida.

Según la causa, la motivación y la finalidad, el hombre debe:

  • · Pensar: cuando enunciamos con palabras la solución de un problema tras un proceso de análisis y reflexión.
  • · Imaginar: cuando el sujeto le da vida, de manera creativa, a sus ideas.
  • · Percibir: cuando estimula la mente para adquirir conocimiento de una cosa por medio de las impresiones procesadas por los sentidos.
  • · Recordar y ejercer su voluntad
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Por | 2017-01-29T18:18:16+00:00 20 julio, 2015|Matrimonios|

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Soy apasionado por mi familia, por las comunicaciones cristianas y por el café. Me encanta escribir y hablar, sembrar árboles y hacer negocios para el Reino de Dios. Me asombra la tecnología y el ciber-mundo donde me siento un forastero estupefacto.