Un Hombre con un Corazón para Dar

Entre septiembre y octubre de cada año, ocurre un hecho aún inexplicable con una especie de aves migratorias conocidas como “chorlitos”, que viajan desde Canadá hasta el sur del continente americano. A su paso por el hermoso país andino de Ecuador, una gran cantidad de estas aves se precipitan en un acto suicida hasta unas gélidas lagunas conocidas como Ozogoche, en la provincia de Chimborazo. ¿Qué les lleva a estas aves a actuar así? No se tiene una respuesta concluyente del por qué tienen tal comportamiento, sin embargo, algunos creen que se debe a que luego de las grandes distancias de vuelo muchas de estas aves están cansadas, hambrientas y sedientas, imposibilitadas de seguir el ritmo de vuelo de toda la bandada, razón por la cual toman la decisión de inmolarse. ¿Existe en esta especie un instinto hacia el sacrificio cuando sienten que pondrían en peligro la supervivencia de toda la bandada? Tal vez parezca insólito pero probablemente esta sea la razón por la que muchos “chorlitos”, prefieren sacrificarse a favor de la supervivencia de toda la especie.

La naturaleza siempre ha sido una fuente de inspiración y de grandes lecciones para nosotros: hombres y mujeres que muchas veces hondeamos con jactancia y vanidad la bandera de seres superiores en la cadena de la creación. Sin embargo, la idea de concebirnos como “especie superior” se ve opacada con frecuencia por la desidia que mostramos ante el valor del compromiso y entrega en favor de los demás. Ahora, no me refiero a que debamos quitarnos la vida por el bien del otro, no obstante creo que nuestro ego debería aprender de los “chorlitos”, es decir, dejar morir el orgullo para que la supervivencia, o más bien la calidad de vida, de la especie humana se vea menos amenazada. Curiosamente, a los hombres que ostentan un gran nivel de éxito en sus carreras profesionales y en el mundo de los negocios se los llama “pájaros de alto vuelo”. Dios quiera que cada hombre, creado a la imagen de Dios, sea como un pájaro “chorlito” dispuesto a sacrificarse y darse a sí mismo por el bienestar de otros, principalmente quienes dependen de él –me refiero a su familia-, porque en realidad eso es lo que constituye la medida del verdadero éxito. El hecho de DAR la vida por aquellos que están cerca de nosotros para dejar una huella incluso en las próximas generaciones es un acto extraordinario y urgente.

DAR es la capacidad de transferir algo propio a alguien más de modo que le produzca un propósito y sentido de vida. También es la estrategia por la cual dos seres se conectan de manera sinérgica para sentar las bases de una relación inquebrantable, tal como sucede con algunos metales que al fundirse resultan en una aleación más dura y resistente.
Una actitud de entrega debe estar presente en el ADN de toda relación para que genere una unión sólida. Darse el uno al otro ayuda a desarrollar un carácter maduro, con signos de alta responsabilidad ante el hecho de responder con efectividad frente a las necesidades mutuas.

DAR es la nobleza de la valentía, la astucia del buen juicio y la grandeza de la visión. Es un atributo divino en el alma humana. DAR es el lenguaje de Dios, a través de lo cual Él muestra su misericordia visible por la humanidad del hombre y la mujer, una vocación a la que estamos llamados a entregarnos de lleno, con fervor, devoción y afecto, de modo que en esa entrega encontremos sentido a la vida.

Ofrecer la vida en busca del bien para alguien más es un acto que rompe la rutina y la comodidad. Es por ello que el hecho de “dar” se convierte en una semilla que posteriormente nos permitirá recibir una gran cosecha. “Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.” Lucas 6:38 (NVI).

Duval Rueda Espinoza

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Por | 2017-01-29T18:15:38+00:00 19 octubre, 2016|Matrimonios|

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Soy apasionado por mi familia, por las comunicaciones cristianas y por el café. Me encanta escribir y hablar, sembrar árboles y hacer negocios para el Reino de Dios. Me asombra la tecnología y el ciber-mundo donde me siento un forastero estupefacto.