TU VIDA HABLA SI CREES O NO EN DIOS

Cuando pienso en qué significa para mí creer en Dios…, viene a mi mente un sin número de palabras como confiar; esperar ciegamente; descansar en su regazo; entregarse en sus manos; abandonarse a lo que uno es, siente o quiere para que él tome el control; y otras tantas.  Ahora, eso es lo que pienso…, pero vivirlo al ciento por ciento…, caminar y batallar diariamente por fe… tomar las decisiones dándole el dominio de la situación, es una cuestión de convivencia permanente entre él y yo porque de lo contrario sale esa naturaleza de independencia y de querer tener el control total de lo que me rodea.

Realmente creer, significa tener fe en que Dios vive, que es activo, que está muy interesado en mí porque me ama, y que sus planes son mejores que los míos.  «Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay…» (Hebreos 11.6)

Cuando pienso en creer, quiero creer como aquel centurión romano que le pidió a Jesús, del pueblo judío, que en esa época eran esclavos de Roma, que sanara a su siervo enfermo. El centurión escuchó sobre Jesús y tuvo fe en su poder para sanar. La Palabra dice que Jesús se maravilló de la fe del centurión romano. Este le dijo al maestro: “Señor, conozco sobre obedecer órdenes. Digo que vayan y van; así que, aunque no soy digno, manda a sanar a mi sirviente”.  ¡Este hombre le pidió a Jesús que obrara un milagro no presencial, desde lejos! Eso es tener fe.

Al leer sobre hombres y mujeres de los que se narra en la Palabra, no encontramos seres perfectos sino esforzados y valientes que creyeron en Dios. Sabemos que Abraham, José, David, Josué, incluso Rahab caminaron con fe y su fin fue bueno, entonces decimos creer que el Señor estuvo con ellos y que queremos experimentar esa fe que estos caudillos tuvieron. Pero la cuestión es creer que Él quiere hacer Su obra con nosotros en este tiempo y accionar nuestro caminar hacia eso, con su dirección. Ahora no construiremos un arca, no tendremos que vencer a Goliat, pero enfrentamos nuestros propios desafíos: la oficina, la familia, la iglesia, que no son menos retadores. En estas circunstancias es cuando debemos demostrar que tenemos fe para emprender sin necesidad de tantas confirmaciones de Dios; y eso se logra buscando a nuestro Padre Dios y estrechando lazos con él en secreta intimidad.

La razón nos abandona donde la fe nos da la mano. «Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.» (Marcos 9.23) ¡Ahora es el momento cuando tu fe será desafiada para emprender lo que Dios te ha delegado y que piensas que es imposible lograr!

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By | 2018-01-14T20:12:18+00:00 14 enero, 2018|Vida Cristiana, Vida Diaria|

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