Te doy lo que soy

DAR es la capacidad de transferir algo propio a alguien más, de modo que le produzca un propósito y sentido de vida. También es la estrategia por la cual dos seres se conectan de manera sinérgica sentando las bases para una relación inquebrantable, tal como sucede con algunos metales que al fundirse resultan en una aleación más dura y resistente.
Una actitud de entrega debe estar presente en el ADN de toda relación para generar una unión sólida. Darse el uno al otro ayuda a desarrollar un carácter maduro, con signos de alta responsabilidad ante el hecho de responder con efectividad frente a las necesidades mutuas.

DAR es la nobleza de la valentía, la astucia del buen juicio y la grandeza de la visión. Es un atributo divino en el alma humana. DAR es el lenguaje de Dios que muestra su misericordia visible por la humanidad del hombre y de la mujer; una vocación a la que estamos llamados a entregarnos de lleno, con fervor, devoción y afecto, de modo que en esa entrega encontremos sentido a la vida.

Ofrecer la vida es dar la fuente misma de algo vital. Es por ello, que el hecho de entregar se convierte en una semilla que posteriormente nos permitirá recibir. “Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.” Lucas 6:38 (NVI).
En el reino de Dios dar es el fundamento sobre el cual se construyen las grandes relaciones y los grandes proyectos de vida que tienen tanto las personas como las comunidades.

En el contexto de la carta del apóstol Pablo a los Romanos el hecho de dar no solo es el resultado de una buena actitud, sino también de un acto de justicia. Lo justo es aquello que deriva de una vida que se entrega tanto de manera completa como balanceada. La equidad en todas las prácticas humanas está permeada por la disposición a dar, a ser desprendidos y generosos.

Aun la definición de “cotización” en nuestra muy aclamada economía de mercado tiene que ver con el criterio de dar. Por ejemplo, se considera a una persona altamente cotizada cuando su gestión o trabajo les provee a las demás personas más salud, sentido y realización, así como mayores ingresos financieros. Así que, dar es una estrategia que nos hace más competitivos en la marcha de nuestras relaciones.

Para que una relación funcione a largo plazo, el primer requisito es dar. Uno no puede decirle a su cónyuge te amo, pero no quiero darte abrazos, besos, caricias, atención, cuidado, etc. Se puede dar sin amar, pero no se puede amar sin dar. Ahora, la forma o actitud con la que se da es sumamente importante. Por ello San Pablo nos insta a que demos lo mejor, es decir, algo bueno, cuando expone la importancia de dar nuestra vida como una entrega (sacrificio) “vivo”, según Romanos 12:1. El dar algo vivo se constituye en una semilla que produce más vida, eso reverdece la relación.

El imperativo de dar a Dios la vida, está circunscrito alrededor de dar la vida también a los demás. Y para poder cumplir con ello, Dios nos ha dado dones para dar a quien está a nuestro lado esperanza, confianza, seguridad, guía, provisión, ánimo, dignidad, propósito y amor. Este desafío comienza en casa, en el hogar, en la familia como un trampolín a la bendición y estamos llamados a intentarlo.

Duval Rueda Espinoza

Comentarios

comentarios

Por | 2017-01-29T18:15:40+00:00 26 Septiembre, 2016|Matrimonios, Vida Cristiana|

About the autor:

Soy apasionado por mi familia, por las comunicaciones cristianas y por el café. Me encanta escribir y hablar, sembrar árboles y hacer negocios para el Reino de Dios. Me asombra la tecnología y el ciber-mundo donde me siento un forastero estupefacto.