Se puede dar sin amar, pero no se puede amar sin dar

En el Reino de Dios, “dar” es el fundamento sobre el cual se construyen las grandes relaciones y los grandes proyectos de vida.

En el contexto de la carta del apóstol Pablo a los Romanos el hecho de dar no solo es el resultado de una buena actitud, sino también un acto de justicia. Lo justo es aquello que deriva de una vida que se entrega tanto de manera completa como balanceada. El principio de la justicia en todas las prácticas humanas está anclada en la disposición a dar, en interesarse de alguien más a parte de uno, porque esa persona es especial y merece honor.

Para que una relación funcione a largo plazo, la entrega total supone un valor fundamental. Uno no puede decirle a su cónyuge te amo, pero no pienso que sea necesario tanta atención, tantos abrazos, besos y caricias tiernas, o tanto cuidado y compromiso. Se puede dar sin amar, pero no se puede amar sin dar. Ahora, la forma o actitud con la que se da es sumamente importante. Por ello el apóstol Pablo nos insta a que demos lo mejor. No es un simple desafío, sino un imperativo con altas expectativas: “Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios”, Romanos. 12:1 NVI. El dar algo vivo constituye una semilla que produce más vida y eso reverdece cualquier relación.

La indicación de dar a Dios la vida lleva también implícita la inmensa valoración que él hace de nosotros y la confirmación de que sí estamos en la posibilidad de brindar cosas extraordinarias. Y, para poder cumplir con ello, Dios nos ha dado dones, es decir capacidades para dar, a las personas que están en nuestro círculo de influencia, esperanza, confianza, seguridad, guía, provisión, ánimo, dignidad, cuidado, propósito y amor. Este desafío comienza en el hogar y conlleva mucha renuncia al apetito del ego.

Hay muchas cosas y maneras de dar. Podemos empezar por dar reconocimiento y admiración a quienes están cerca de nosotros, a los que más amamos. Hay una frase que me agrada usar para reconocer a mi cónyuge, a mis hijos o a mis colegas; con frecuencia suelo decir: “lo has hecho muy bien”. Puede ser un sencillo ejercicio pero tiene efectos gratificantes. Tal reconocimiento y valoración hacia los demás hace que uno pueda mirar a la otra persona sin prejuicios ni pretensión, sin la arrogancia de sentirse superior, pues no conviene tener un mayor concepto de sí que el que se debe tener, según enseña la Biblia: Por el favor que Dios me ha mostrado, les pido que ninguno se crea mejor que los demás. Más bien, usen su buen juicio para formarse una opinión de sí mismos conforme a la porción de fe que Dios le ha dado a cada uno. Romanos 12:2 PDT.

Aun la definición de “cotización” en nuestra muy aclamada economía de mercado tiene que ver con el criterio de dar. Por ejemplo, se considera a una persona altamente cotizada cuando su gestión o trabajo les provee a las demás personas más salud, sentido y realización, así como mayores ingresos financieros, cuando uno haga eso entonces se le considerará una persona altamente cotizada. Así que, si dar es una estrategia que nos hace más competitivos y trascendentes en el mundo laboral cuanto más debería ser en el hogar. Sería muy enriquecedor para la relación de pareja si los dos se convierten en personas altamente cotizadas el uno para el otro.

Si uno quiere iniciar o mantener una relación satisfactoria tiene que preguntarse qué tengo para ofrecer. La sabiduría popular dice que nadie da lo que no tiene, por ello es preciso cultivar el carácter tanto como aquellas cualidades afectivas que puedan crear las condiciones que afecten significativamente la vida de quien camina a nuestro lado.

Duval Rueda Espinoza

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Por | 2017-01-29T18:15:38+00:00 25 Octubre, 2016|Matrimonios|

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Soy apasionado por mi familia, por las comunicaciones cristianas y por el café. Me encanta escribir y hablar, sembrar árboles y hacer negocios para el Reino de Dios. Me asombra la tecnología y el ciber-mundo donde me siento un forastero estupefacto.