Respeto como Evidencia de Amor

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor” 1 Corintios 13:4-5 (RVR1960)

Recientemente se festejó el día del “Amor y Amistad”, aunque no nos movemos por fechas es un buen pretexto enfocarnos en cosas que realmente tienen valor. Con el pasar de los años y ya casi 20 años de no vivir en mi tierra natal me doy cuenta, que lo que más valoro son las personas que amo y me aman, los recuerdos más hermosos son las vivencias que se sellaron en amor y a pesar de la distancia persiste la amistad y el compromiso, tal cual nos enseña la Biblia; el fundamento en la vida es el Amor, pues Dios es Amor, y Jesús mismo ligó el primer mandamiento con el segundo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón con toda tu alma con toda tu mente y con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo.”

El verdadero amor nace de amarte a ti mismo porque el amor maduro levanta, construye, enriquece, el verdadero amor conoce los límites que nacen en el respeto, a nosotros mismos y luego a los demás, aun en relaciones tan cercanas y cotidianas como el matrimonio y la familia, el respeto es uno de los pilares para construir un hogar, no solo una casa, un lugar donde cada miembro se desarrolle para poder cumplir su propósito de vida haciendo realidad los sueños de Dios. En un matrimonio debemos aprender que es imposible crecer juntos y disfrutar de nuestra relación si olvidamos los límites del respeto, que nace de tres premisas:

  1. Conocer tu propio valor en Jesucristo, que es su propia vida, su sangre derramada, nuestra vida es el mayor tesoro sobre la faz de esta tierra, porque Dios Padre, el dueño del diseño de la familia nos ha dado ese valor, no te menosprecies, al hacerlo menosprecias la vida de Dios en ti, eres su especial tesoro, al amar a Dios con todo el corazón nace como fruto un amor genuino a nosotros mismos y un respeto a nuestra vida.
  2. Descubrir que Jesús murió por tu pareja, aun cuando conocemos sus limitaciones y sus luchas, para Dios es tan valioso y amable como tú mismo, y descubrir que eres instrumento de bendición para tu pareja y no estorbo o carga de vida, demuestra el valor que Dios le ha dado y reconoce que el respeto es un ingrediente necesario insustituible en su relación.
  3. Reconocer nuestras diferencias no para competir o lastimar, sino para complementarnos y en humildad lograr la unidad.

Es imposible mantener un matrimonio o noviazgo sano si olvidamos el respeto, dejar de practicarlo solo demuestra nuestras falencias personales y heridas del pasado.

Si en su relación han sobrevivido sin el respeto, deben saber que el barco se está hundiendo, la única manera de traerlo a flote es que inviten a Jesús, el autor del matrimonio y el amor hecho carne a su hogar, no como un evento sino como parte fundamental de nuestro matrimonio, reconociendo que nuestro pacto es con El, aprender el valor que Él nos ha dado para poder amar al “más próximo” como  a mí mismo, buscando siempre el bien del otro para crecer juntos.

Es prudente en sinceridad pedir perdón por las faltas de respeto a tu pareja comprometerse delante de Dios a mirar su gloria en el otro y establecer límites en la forma de ponernos de acuerdo por tratar las diferencias, reconociendo que Dios no es un huésped en casa, es el dueño de nuestro hogar y quien dirige nuestro barco.

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By | 2018-02-15T18:49:30+00:00 15 febrero, 2018|Matrimonios|