Superada la crisis aguda de dolor, puedes recurrir a varios remedios naturales que te ayuden a calmar las molestias. Te detallamos algunas estrategias caseras que dan buen resultado:

Un baño caliente… con azufre

La inmersión en agua caliente es uno de los métodos no farmacológicos más efectivos de alivio del dolor, y se utiliza como relajante y analgésico de forma habitual en muchas patologías (hidroterapia).

Tiempo atrás, el azufre no faltaba en ningún balneario y, hoy en día, este tratamiento calmante se está recuperando en muchos de ellos. Puedes hacerlo en casa: compra en algún herbolario de confianza polvo de azufre y añade 100 g al agua de la bañera. Sumérgete y deja que el agua caliente y el mineral actúen.

Dos auto-masajes que alivian

Siéntate con la espalda recta y los pies apoyados en el suelo. Coloca las manos bien abiertas a ambos lados de la zona lumbar y frótala de arriba abajo entre 10 y 12 veces con intensidad de forma que el músculo que la recorre quede entre tu pulgar y el resto de tus dedos.

Desliza las manos por toda la nuca de arriba abajo, ejerciendo una ligera presión con los dedos. Haz lo mismo desde cada oreja hasta los hombros, lenta y suavemente de 10 a 12 vece

Hazte una “bola”

Túmbate boca arriba, encoge las rodillas sobre el pecho y “abrázalas”. Permanece así unos segundos, con la espalda pegada al suelo. Luego lleva las rodillas ligeramente hacia la derecha, vuelve al centro y sigue a la izquierda. Repite este pequeño movimiento tres veces por cada lado.

Un masaje con aceite de jengibre

La fitoterapia puede ser una excelente ayuda adicional para vencer un episodio de dolor, con la ventaja de que rara vez ocasiona efectos secundarios.

El aceite de jengibre actúa de una forma parecida a un AINE (antiinflamatorio no esteroideo) pero de manera natural. Es relajante, antiinflamatorio y analgésico. Para preparar este remedio, mezcla 5 gotas de aceite esencial con 10 de aceite de almendras dulces y aplícalo en la zona dolorida con un masaje suave.

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