¿Qué podemos hacer los hombres para que las mujeres sean felices?

Tradicionalmente los hombres respondían a esta pregunta con el hecho de ser proveedores y protectores materiales (comida, techo y seguridad). Este era el principal recurso con el cual un esposo proveía de felicidad a su mujer. Sin embargo, esta función milenaria delegada al hombre, hoy ya no es característica distintiva del género masculino. Cada vez más, las mujeres están tomando el control no solo de la función tradicional del hombre como proveedor, sino también de la función como protector. Las mujeres de hoy en día son más independientes materialmente y los hombres aún estamos aprendiendo con dificultad a enfrentar este cambio. Por ello te comparto solo unos cuantos elementos que te ayudarán a responder a la difícil pregunta sobre qué es lo que le hace feliz hoy a una mujer:

  1. Conversación. Para una mujer esto significa principalmente la satisfacción a su necesidad de ser escuchada. La habilidad de una buena comunicación es principalmente la habilidad de escuchar. Cuando tu esposa te dice “platica conmigo”, en realidad te está recordando que tú no le has dicho que la amas en todo el día.
  2. Intercambio sentimental. Las mujeres quieren compañerismo y atenciones para poder ser felices, valoran que nos preocupemos y hagamos cosas prácticas para llevarnos bien con ellas, esperan que las sorprendamos.
  3. Sensibilidad emocional. Tu cónyuge está preocupada de cómo se ve, por lo tanto, anhela que te fijes más en ella y que la admires. Además requiere que seas romántico, afectivo, que le dediques tiempo para que se desahogue mientras tú la consuelas.

Es importante que como hombres entendamos que estos aspectos generan felicidad en una mujer. Si no lo tomamos en cuenta nos vamos a retraer y aislar de aquella mujer que un día prometimos amarla hasta que solo la muerte nos separe.

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Por | 2015-08-17T13:14:35+00:00 17 Agosto, 2015|Matrimonios|

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Soy apasionado por mi familia, por las comunicaciones cristianas y por el café. Me encanta escribir y hablar, sembrar árboles y hacer negocios para el Reino de Dios. Me asombra la tecnología y el ciber-mundo donde me siento un forastero estupefacto.