Paz en Nuestra Vida

Todos la desean, todos la anhelamos, y es muy difícil encontrarla en medio de un mundo donde la inmediatez, la agresividad, la angustia y la insatisfacción son características. La Paz, palabra que encontramos varias veces en la Palabra que Dios, la cual en el hebreo se la define como SHALOM, que a su vez significa un estado de “bienestar”, de “plenitud”, “de estar completo”, “de integridad”.

El Diccionario Bíblico Mundo Hispano de Douglas Tenney, se refiere a la paz como Plenitud, entereza, firmeza, buenas relaciones entre vecinos (Sal. 28:3), bienestar y seguridad (Ec. 3:8), o la recompensa de una mente que permanece en Dios (Is. 26:3). Está relacionada con el trato honesto y la verdadera justicia (Zac. 8:16) y es una característica sobresaliente del Mesías que viene (Is. 9:6).
Además, este señala que la paz es el resultado del perdón de Dios (Fi. 4:7) y es la relación ideal con el hermano (2 Co 13:11). La paz, que es señal de serenidad (Jn. 14:27), y que se debe buscar (Hch. 12:14), resume el mensaje del evangelio (Hch. 10:36). Es una faceta del fruto del Espíritu (Ga 5:22), que beneficia a quienes lo practican, tanto ahora (Stg. 3:18) como en la segunda venida (Ro 2:10), y es lo opuesto del desorden y la confusión (1 Co 14:33). La paz es la presencia de Dios, no la ausencia de conflictos.
Y termina su definición afirmando que Cristo trajo la paz, predicó la paz y es nuestra paz (Ef. 2:14).

Esta última definición de Paz que involucra a la persona de Jesucristo, nos lleva a mirar la paz desde otra perspectiva, a decir que la paz está en el mensaje que proclamamos. Como hijos de Dios poseemos un legado de paz que nos dejó Jesucristo. Las enseñanzas de Jesús, su vida y su muerte en la cruz, apuntan a un nuevo estilo de vida donde la ley debe ser el amor, que no responde a la violencia con violencia sino que busca otros valores: la humildad, el servicio, la comunidad y la justicia. El nacimiento de Cristo fue un mensaje de paz de Dios a los seres humanos (Lucas 2:14), un restablecimiento de relaciones, y predicar la Palabra es “anunciar el evangelio de la paz” (Hechos 10:36).

Pues sólo cuando la paz de Cristo reina en los corazones de los creyentes, como menciona Pablo a los Colosenses, se convierte en un don dinámico, que vitaliza toda la vida del cristiano y lo libera para poder ser instrumento de reconciliación, en el mundo. Más aún, llega incluso a capacitarlo para amar a los enemigos, mostrando así que son perfectos como su padre del cielo.

¿Existe esa paz que viene como don de Cristo en nosotros? Mientras más caminemos en intimidad con Jesucristo, más podremos experimentar, vivir su paz en cualquier situación. Pero como todo lo vivo tiene su ritmo y sus tiempos, la paz no escapa de este principio, y por ello debemos atravesar por períodos de pérdida de la paz que hemos alcanzado. Obtener completa paz frente a toda vivencia es un proceso de maduración, de aprendizaje, de relación. La paz es un bien que Dios nos provee a través de su presencia en nuestra vida. Es como un estado básico sobre el cual vamos desarrollando nuestro proceso de crecimiento.

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Por | 2017-11-06T09:47:38+00:00 6 noviembre, 2017|Vida Cristiana|

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