El padre que sufrió junto a su hijo

El maestro de la escuela fue de visita a la casa del discípulo ausente, y preguntó a su padre:
__ ¿Qué sucede con el muchacho que hace tantos días que no le vemos?
El padre llamo al joven y se enteró de su mala conducta por el mismo:
__Padre__ Prometió el hijo__ con la ayuda de Dios te prometo que no lo haré más. El padre le perdono, pero le dijo:
__ Durante una semana dormirás en la buhardilla de la casa entre los trastos viejos.
Obedeciendo, pues a las palabras de su padre, bajo hacienda buhardilla, y mientras tanto, los padres se quedaron muy tristes junto al fuego del hogar. La noche era fría. La madre cocía y el padre, aparentando, leía el periódico pero se mostraba inquieto. No hablaron ni una sola palabra. El reloj marco las 10, las 11, las 12 y todo seguía igual. Silencio y tristeza.
Al sonar la una él se levantó y entró a la habitación y salió con una almohada en sus manos.
__ Voy a hacerle compañía__ le dijo a su esposa y resuelto de ánimo bajo a la buhardilla dónde estaba su hijo. Lo encontró allí tendido sobre una alfombra y arropado con unas viejas mantas. Lloraba y sollozaba amargamente. El padre, en silencio, se tendió a su lado, apoyando su cabeza en la almohada que había traído. Luego estrechó a su hijo sobre su corazón… y al fin se durmieron los dos. La escena se repitió cada noche durante la semana. Nunca más el muchacho se hizo merecedor del castigo.

Pues así como participamos abundantemente en los sufrimientos de Cristo, así también por medio de él tenemos abundante consuelo. Si sufrimos, es para que ustedes tengan consuelo y salvación; y si somos consolados, es para que ustedes tengan el consuelo que los ayude a soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros padecemos. 2 Corintios 1:5-6

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Por | 2017-01-29T18:18:32+00:00 26 Junio, 2015|Vida Cristiana|