Obediencia en Amor

Deuteronomio 30:19-20a “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a Él…”

 Hace muchos años, cuando mis hijos eran pequeños, fuimos a un restaurante a comer con unos vecinos. Al terminar dejamos que los niños estuvieran en el área de juegos. Pasado un rato, me acerqué y les avisé que en cinco minutos nos iríamos, ellos estaban plácidamente jugando en la alberca de pelotas. Pasados cuatro minutos, me acerqué de nuevo y les di la orden de salir. Caminé hacia la mesa para recoger las cosas y al mirar atrás, me di cuenta de que sólo uno de los niños me obedeció, los otros tres simplemente decidieron ignorarme y siguieron jugando. Junto a nosotros estaba una empleada del restaurante que había presenciado toda la escena, y se acercó a mi hijo, el que había obedecido; la chica le preguntó ¿Quieres un helado? ¡Eres tan obediente que te voy a regalar un helado! ¿Se pueden imaginar las caritas de asombro de los otros niños al ver a mi hijo Marco con su gran helado?, salieron corriendo de la alberca de pelotas para pedir el suyo. No tuve que responder nada, la misma chica del restaurante les dijo: si hubieran obedecido a mamá, también tendrían helado. ¡Cuánto agradezco a esta chica por esa lección de vida! Al final, todos salimos del restaurante en silencio y solo un niño con helado.

No sé cuántas veces debemos repetir las mismas instrucciones para que los niños nos obedezcan, pero en la mayoría de los casos, es más de una vez. Creo que debemos enfocarnos en enseñar a nuestros hi­jos la importancia de la obediencia y sus bendiciones como parte del entrenamiento que debemos darles, así como las consecuencias de la desobediencia.

Siento tristeza cuando miro que las cifras de divorcio han aumentado tanto en esta última década, y me doy cuenta de que son similares dentro y fuera de la iglesia. Me duele ver el creciente número de embarazos en adolescentes, y la cantidad de jóvenes que han hecho de la mentira su forma de vida. Muchas veces, los padres me piden que hable con sus hijos: niños y adolescentes porque no obedecen. No será que… ¿nosotros mismos hemos sido padres desobedientes y por lo tanto entrenamos a nuestros hijos a la desobediencia? Entonces, ¿cómo podremos forjar un carácter obediente en la vida de nuestros hijos?

La obediencia a los padres

Empezamos con una cita bíblica que siempre ha con­movido mi corazón (Deuteronomio.30:19-20a). Dios habla a su pueblo, es decir a nosotros, que guardemos su pacto porque nos traerá vida y bendición. Como un ruego de su corazón, el Padre nos dice en Deute­ronomio 30:6 “Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.”

Dios nos pide varias veces, que obedezcamos su voz, sus estatutos y en el versículo 19 es tan solemne, que habla desde lo profundo de su ser.

En nuestra libertad, nuestra decisión afectará a nuestra descendencia.

¿Qué escoges? ¿La vida o la muerte?

Yo he decidido heredar bendición a mis hijos, he escogido amar a Dios, caminar con El, obedecerlo y dar a mis hijos camino de vida en Jesús. Por favor, escoge la vida, que el cielo y la tierra atestiguarán a favor de nuestros hijos. En tu amor a Dios, la bendición será para tu descendencia y en nuestra obediencia a Dios se fundamenta nuestra autoridad espiritual sobre nuestros hijos.

 Obediencia en Fe

Proverbios 10:17 “Camino a la vida es guardar la instrucción; Pero quien desecha la reprensión, yerra”.

 Cuando mis hijos llegaron a la adolescencia, realmente se puso a prue­ba todo lo que habíamos enseñado sobre la paternidad y maternidad, sobre la disciplina y la responsabilidad, sobre los límites y la libertad. ¿Cómo mantener estos estatutos en una generación donde ya no se cree en absolutos? ¿Cómo mantener la honra a la autoridad, cuando “la moda” es burlarse de la autoridad? Hablé con mi hijo mayor y le explique que nunca antes había sido madre de adolescente, que me tenga paciencia y confianza y que nos amemos como familia.

Si nuestros hijos oran por nosotros, tendrán fe que Dios nos guiará, incluso si nos equivocamos, que confíen, que por sus oraciones Dios cambiará nuestro corazón. La Biblia nos enseña a orar por nuestras autoridades para vivir quieta y reposadamente, para tener paz. Orar por nuestras autoridades nos lleva a una obediencia en fe. Creer que por nuestra oración Dios gira corazones.

Es el mismo principio en casa, acostumbremos a nuestros hijos a orar por nosotros antes que a discutir o a pleitear, ellos necesitan saber que Dios nos habla. Una obediencia en fe, por su oración, y porque Dios se levanta respaldando a sus padres. Si nosotros honramos a Dios en obe­decer sus principios, Él nos bendecirá. Para tener una obediencia de fe no debemos despertar a los hijos a ira, con pecado e injusticia, ni exas­perarlos; sino como Noé, en mi obediencia a Dios está mi autoridad espiritual; como el centurión dijo “soy hombre bajo autoridad, digo a mis hombres hagan y hacen”. La obediencia en fe se da por mi oración por las autoridades y por mi sujeción a ellas.

Obediencia en Amor

Proverbios 12:1“El que ama la instrucción ama la sabiduría.”

La iglesia más grande del mundo está en Corea del Sur, del Dr. David Yonggi Cho, una iglesia que se ha levantado con una vida de oración. Cuando se le preguntó acerca del tremendo crecimiento de su iglesia su respuesta fue simple: “Oro y obedezco”. ¡Qué revelación! al mismo tiempo que simple, una vida de oración fundamentada en mi relación con Dios, que me lleva a escuchar lo que hay en su corazón y a obe­decer. Como Elías declaró antes de que descendiera fuego del cielo en el primer libro de Reyes dieciocho al final del verso 36 “…y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas.”

Con razón Elías podía decir: “En nombre del Señor en cuya presencia estoy”. Era una obediencia que creía y confiaba plenamente en Dios porque lo amaba.

Gálatas 5: 6b “… sino la fe que obra por el amor.”

Aquí vemos que la fe obra por el amor, porque no se puede dudar de quien se ama. Y su obediencia se fundamentara en una relación de amor. Cuando reconocemos que no hay mayor autoridad que nuestro Dios, entonces obedecerle se convierte en un deleite.

Debemos entrenar a nuestros hijos a obedecer instrucciones, desde que son niños. Ellos necesitan aprender a seguirlas en casa y fuera de ella. Necesitamos enseñarles la Palabra y modelarles el corazón de Dios para que sepan que en la obediencia hay protección, hay vida, y un propósito eterno. Verdaderos adoradores rendidos para hacer su volun­tad, aunque parezca locura, “Dios si tú lo dices yo lo creo y obedezco.”

Tomado del libro “El regalo de ser madre”

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Por | 2017-08-22T18:11:43+00:00 22 agosto, 2017|Familia|