Jan Paderewski, el famoso compositor y pianista, estaba programado para presentarse en una gran velada. Entre la audiencia estaba un niño de 9 años que cansado de esperar se sentó al piano y empezó a tocar.

A toda prisa el compositor corrió hacia el escenario. Se inclinó por encima del chico y empezó a improvisar junto al niño Los Pollitos. Mientras los dos tocaban juntos, Paderewski le susurraba al oído del niño: Sigue adelante. No desistas. Sigue tocando.

En la vida hay momentos de impaciencia  y de improvisación y cuando estamos casi a punto de desistir, viene el Maestro, que se inclina sobre nosotros y nos murmura: Sigue adelante; no renuncies. Jesús interviene en favor nuestro, proporcionándonos justo el toque correcto en el momento preciso. Pon tu vida en manos del gran maestro.

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