Mi Cicatriz

Hoy me paré frente al espejo, miré detenidamente la cicatriz de mi cirugía, y aunque mi cirujano fue increíblemente estético, la cicatriz está allí, presente…
Quise quejarme y decir “Mi piel estaba limpia, sin marcas… soy soltera, no tengo hijos y ahora mi vientre ya está marcado, ¿Le gustará a mi esposo?”

El Espítu Santo, con la sutileza de su amor me susurró:

“¡Le ganamos a la enfermedad, lo logramos!
Estuve contigo… ¡Te sané! Te di la victoria”

¿A veces no es así? Nos quejamos por “todo el dolor, la necesidad, la tormenta, la soledad, la escasez que hemos tenido que pasar”… cuando por dentro y fuera las cicatrices del alma y cuerpo nos gritan: “Dios estuvo allí… ¡lo lograste! Él estuvo contigo… te sanó… te dió la victoria”

Por esa cicatriz un día seré mamá. Mi esposo dirá: “Esa cicatriz me trajo a nuestros hijos… te trajo viva y entera a mí”.

Esa cicatriz me va a recordar cada día lo afortunada que soy, lo agradecida que debo vivir, lo amada que fui en el corazón de Dios, el bendijo, el proveyó y el sanó… ¡mi cicatriz tocó su manto!

Gracias Señor por la cicatriz, pero aún más:
Estuviste allí, me sanaste… me diste la victoria…, mi alma te bendice.

Y tú… ¿debes agradecer por alguna cicatriz?

“Aunque la higuera no florezca,
Ni en las vides haya frutos,
Aunque falte el producto del olivo,
Y los labrados no den mantenimiento,
Y las ovejas sean quitadas de la majada,
Y no haya vacas en los corrales;
Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.”

Habacuc 3:17-18

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Por | 2017-01-29T18:17:24+00:00 23 noviembre, 2015|Vida Cristiana|

About the autor:

Soy Karol Denysse, amo la música, cantar es mi pasión; la comunicación mi vocación. Me gusta el mar y comer mariscos. Sonreírle a la gente y dar abrazos hacen que mis días sean mejores. Mi familia es mi prioridad y caminar de la mano de Jesucristo le ha dado un propósito a mi vida.