Los veinti… ¿Qué hacemos con ellos?

Encuentro una situación muy interesante en cada ciudad que visito: los jóvenes entre los 20 y 30 años se desencantan de la iglesia. Es muy común preguntar edades y encontrar una brecha en los jóvenes de 22 a 28, 29 años. ¿Por qué?

En alguna ocasión mencioné que vivimos en una sociedad adultizada (término utilizado por mi querido amigo Pablo Logacho) en la cual eres un ser incompleto en tu infancia, adolescencia y juventud. Esta sociedad adultizada promueve la visión de los adultos, porque la de los jóvenes es idealista, la de los niños no pareciera real y la de los adolescentes está viciada por las hormonas y modas de la época. No le da el crédito al ser humano por existir hasta que empiece a producir.

En este rollo se halla la iglesia también. Se ha centrado en darles libros de colores a los niños, música a los jóvenes y sermones a los adultos. ¿Y qué de aquellos que están en la transición de la vida juvenil a la vida adulta, aquellos que no son adultos aún pero tampoco han dejado de ser jóvenes?. A ellos han querido darles reuniones, olvidando que tienen la energía suficiente para proponer proyectos sociales. Se olvidan que en otras esferas aquellos jóvenes adultos son gerentes, voluntarios, deportistas. Queremos mantenerlos dentro de la iglesia en programas ajenos a su realidad.

Tengo veintiocho años y me preocupa cada vez que un joven de mi edad o similar me dice que está por dejar la iglesia, que está por dejar el ministerio o el servicio porque dan y no reciben. No han dejado su juventud pero queremos que lo hagan para que se metan en el ritmo formal de vida que la sociedad propone. Incluso a muchos adultos les incomoda que un joven siga siéndolo, es un desafío.

Entonces, ¿qué hacemos con ellos? Nada. No somos nosotros los que tenemos que hacer algo con ellos, sino brindarles el espacio para que hagan lo que naturalmente pueden hacer: seguir proponiendo cambios. Podemos brindarles un ambiente de confianza antes de que su mente sea minada con pensamientos adultizadores como el “yo también quise hacer eso cuando era joven, pero ahora veo que no es posible”. Necesitamos ser una comunidad, un espacio, un ambiente diferente donde los jóvenes de veinti puedan crecer, puedan proponer, puedan ser capacitados y capacitar. No es necesario enviarles al servicio de adultos si su corazón está conectado con la juventud. Están a tiempo de generar un cambio, de labrar un camino. Más claro, estamos a tiempo, yo también estoy en los veinti.

Jimmy Sarango | www.jimmysarango.com

 

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Por | 2016-09-14T15:36:39+00:00 14 septiembre, 2016|Vida Cristiana|

About the autor:

Soy un joven al servicio de los jóvenes. Disfruto aprender y compartir con otros las lecciones que Dios me ha permitido vivir. Soy músico aficionado, fotógrafo improvisado y bloguero por gracia de Dios.