La Violencia… Raíz del Odio

Dentro de las páginas del libro El Origen del Odio de Alice Miller, psicoanalista que dedicó su vida entera a estudiar el maltrato infantil, podemos encontrar una declaración que debería estremecer el corazón de toda la sociedad y llevarnos a producir un cambio de actitud hacia el trato que estamos dando a nuestros niños.  La afirmación que guardan las páginas de su libro es: “La violencia que se ejerce sobre los (as) niños (as) es devuelta luego a la sociedad. Un niño castigado y humillado en nombre de la educación interioriza muy pronto el lenguaje de la violencia y la hipocresía y lo interpreta como el único medio de comunicación eficaz”.

Es impresionante detenernos por un momento y mirar la violencia que existe en nuestro alrededor.  Conductores molestos gritando palabras soeces en medio de un tráfico extenuante; padres ignorando que las necesidades de sus hijos van más allá de la alimentación y la educación; jefes exigiendo tiempo extra sin pensar que el empleado tiene familia que atender; madres perdiendo el control con sus pequeños olvidando que es parte del crecimiento derramar una que otra cosa de vez en cuando. Todos descargando nuestras frustraciones y molestias con el más débil.  El esposo con la esposa, la madre con los hijos, el vendedor con los clientes y así sigue avanzando nuestros días en este mundo.  Más trabajo, más estrés, menos tiempo para reír ni compartir, más irritabilidad, más violencia, más odio sembrado en el corazón.

Pero no tiene que ser así, como seres humanos pensantes, como hijos de Dios que llevamos la esencia de su amor, podemos tener vidas armónicas y bondadosas; donde estemos conscientes que fuimos llamados a hacer historia, en quienes nos rodean, con actitudes, pensamientos y palabras positivas. La clave, está en buscar y mantener tiempo con la única fuente que puede cargarnos de los mejores y más puros sentimientos…, con Jesucristo. Él es la fuente de amor inagotable; jamás ha tenido reproches para nosotros, todo lo contrario, ha sido paciente y sigue siendo paciente. Y tiene sus brazos extendidos para sumergirnos en su paz.

Estamos llamados a conducirnos en este mundo no con violencia, no con irritabilidad sino con amor. El mismo Jesucristo dijo: “cada uno debe amar a su prójimo como se ama a sí mismo”.  El amor al prójimo no es solo sentimiento, sino también acción. Empecemos entonces por mantener un buen trato unos con otros.

Autora: Tammy Torres

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Por | 2017-09-25T09:08:22+00:00 25 septiembre, 2017|Vida Cristiana, Vida Diaria|

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