LA ESENCIA DE LA GENEROSIDAD

Desde muy pequeña pude experimentar la generosidad en mis padres; creo que eso me ha permitido ser una persona desprendida de lo material.  Mi madre cada temporada tomaba aquellas cosas que no usábamos, fueran juguetes, ropa, lo que fuera que estuviera en buen estado, para regalárselo a aquellos menos afortunados.  Mi padre, con un corazón aún más generoso jamás dijo no a quien le pidiera algo y si estaba en sus manos ir más allá, no lo pensaba dos veces, aportaba con su granito de arena. Lo fabuloso era ver que jamás esperaban reconocimiento ni recompensa de nadie, era y es su forma de vivir hasta ahora.

Llevo en la mente un episodio en la cual se inventaron la necesidad de unos muebles de madera solo por apoyar a un anciano de unos 75 años, que estaba solo y necesitaba trabajar para mantenerse. Iba todos los días a la casa a fabricar los artículos encomendados y mis padres lo atendían como a cualquier otro miembro de la familia. No solo le extendieron un medio de sustento, le brindaron su tiempo, sus palabras, su compañía, su amor.

Tal vez estos capítulos repetitivos durante toda mi vida, me han permitido ver a Dios con mayor facilidad como un Padre por naturaleza generoso. Al recorrer por su Palabra puedo verlo lleno de amor proveyendo de alimento al profeta Elías a través de los cuervos que lo visitaban; o cuando provee de agua y maná a su pueblo en el desierto; cuando sacia el hambre de las más de cinco mil personas que acompañaban a Jesucristo por sus enseñanzas, e incluso nos envió a su propio Hijo para que pudiéramos pasar de muerte a vida. ¿Acaso nuestro Creador no tiene un mega corazón generoso? ¡Claro que sí!

Y al regresar a ver mi vida, puedo ver su generosidad expresada a la máxima potencia. Me ha suplido en momentos de necesidad, me ha sorprendido con cosas mejores a las que he necesitado, me ha regalado una familia amorosa, me ha permitido cumplir mis sueños siendo herramienta en sus manos para compartir de su amor. Su generosidad ha sobrepasado a lo que soy.  La única forma en la que puedo manifestar mi agradecimiento a tanta generosidad, es abriendo mi corazón y mis manos para bendecir a otros con lo mucho o con lo poco que él me da.  Y al compartir de lo que tengo y lo que soy; con los dones y talentos que residen en mí… soy feliz.

Eso es para mí la generosidad, así es como la veo, la palpo y la vivo. Es esa entrega de lo que somos, de lo que tenemos; es ese compartir a otros de lo que Dios nos ha dado. Es preocuparme por mi hermano y suplir sus necesidades físicas, espirituales y emocionales; así mismo como hace Dios con cada uno de nosotros.

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Por | 2017-11-27T08:49:39+00:00 27 noviembre, 2017|Familia, Vida Diaria|

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