Definir el concepto de Belleza es complicado porque es un concepto subjetivo y depende de la cultura geográfica e histórica en la que nos encontramos. Lamentablemente en nuestra cultura actual el sinónimo de belleza esta reducido solo a los aspectos físicos del ser humano. Para las chicas adolescentes. Por ejemplo, ser bella hoy es tener 90-60-90 o tener una piel clara y una altura que pase del 1.60 cm. Esta es la visión sesgada impartida por medios de comunicación o redes sociales.

Este reduccionismo ha provocado que pensemos que ser bella depende de nuestros genes o de las cirugías que hagamos a nuestro cuerpo solo para cumplir con los prototipos generados por modelos que imponen estas condiciones a través de la moda, lo que no devela el verdadero significado de la belleza.

Se debe tener en cuenta, que hay cierta importancia en el cuidado del cuerpo, pero se debe tener un buen criterio para saber cuándo se imponen los cuidados necesarios, como: asepsia; nutrición; reposo; y cuidado médico. Al tiempo de tener sumo cuidado de otras intervenciones corporales que pueden menospreciar el valor y dignidad humana, e incluso poner en riesgo la salud, como las dietas innecesarias. La belleza no es sinónimo de sufrimiento.

La Biblia nos enseña en Proverbios 31:30, que la gracia y la hermosura son engañosas y que lo trascendente en la vida de una mujer es su relación con su creador; que la mujer que teme a Jehova esta será alabada. Quisiera enfatizar algunos principios de este texto bíblico.

 

  1. Que la valía de toda mujer no está en su aspecto físico, sino en su Creador y como fue creada. La Biblia dice que ella es imagen y semejanza de él. Por lo tanto tiene un valor y una dignidad única y esto la vuelve valiosa y hermosa.
  2. Que hay muchas mentiras alrededor de la belleza física ya que muchas veces los estándares son cada vez más altos al punto de atentar con el propio cuerpo como la anorexia, la bulimia, el alcohol, cirugías plásticas, etc. Es tarea de los mentores ir delimitando estándares saludables y enriquecedores.
  3. Que las virtudes como la honestidad, la decencia, la lealtad, la bondad, generosidad, criticidad, independencia (entre otros) en fin, son cualidades realmente bellas y hacen de la persona que la posee una persona única y hermosa.
  4. La Biblia también nos dice que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo y como tal merece un cuidado especial porque somos depositarios del Espíritu Santo de Dios, y por lo tanto debemos cuidarnos de lo que permitimos sembrar en el interior.

 

Las adolescentes como niñas deben ser guiados en estos preceptos bíblicos porque están en proceso de crecimiento, en el cual sus cuerpos están cambiando y poco a poco, van a ir experimentando cambios físicos severos hasta alcanzar la madurez en tiempos posteriores.

Es la familia la encargada de generar en ellas un amor hacia sí mismo haciéndoles ver que son valiosas no por lo que visten, usan o tienen sino por lo que son, seres humanos extraordinarios y con un propósito y vocación únicos para esta vida.

Desde este punto, es importante recalcar que la autoestima y el autoconcepto se forjan desde el nacimiento de los niños y niñas (apego seguro: siendo este  el vínculo afectivo que surge con la figura de apego o cuidadores que mediante sus sensibilidad, logran suplir las diversas necesidades, permiten la exploración e independencia pero también son una fuente de retorno seguro y confiables; lo que permitirá el desenvolvimiento que permita un aprendizaje que no mermen el valor propio), así como el juicio necesario para hacerle frente a las demandas sobre el cuerpo. Así mismo, la comunicación desde la infancia forjará los lazos que funcionarán como red de apoyo dentro de cualquier eventualidad.

 

Para reflexionar: Lo que yo soy no es los que pienso o siento (esto depende de mis emociones y circunstancias) sino lo que la Biblia dice que soy, Como Dios me ve así realmente debo verme,  digna y única creada y salvada por nuestro amado Señor Jesús.

 

 “Que la belleza de ustedes no sea la externa, que consiste en adornos tales como peinados ostentosos, joyas de oro y vestidos lujosos. Que su belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Esta sí que tiene mucho valor delante de Dios. Así se adornaban en tiempos antiguos las santas mujeres que esperaban en Dios, cada una sumisa a su esposo.” 1 Pedro 3:3-5 (NVI)

 

Mg. Anita Orellana, MTF

Palm Missionary Ministries Inc, USA.

www.joselitoorellana.blogspot.com

 

 

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