Soy ecuatoriano, y los ecuatorianos estamos acostumbrados a guardar todo: tornillos, papelitos, fundas (bolsas), recuerdos, algún pedazo de cualquier cosa por si acaso. Incluso guardamos rencor, odio, resentimiento, a la vez que guardamos esperanzas que no deberíamos.

Una de las lecciones más difíciles de mi vida ha sido soltar, dejar ir. Empecé en la adolescencia revisando los papeles que tenía de amigos del colegio… ¡cómo me costaba! Luego fueron camisetas, jeans, zapatos, juguetes de la infancia.

Guardar y guardar quita espacio, y eso se aplica a todo.

Lo que hemos vivido y guardado es valioso, pero no nos damos cuenta que la vida continúa. Debemos vivir ligero, de lo contrario no tendremos espacio para lo que viene, desde los objetos hasta los recuerdos.

  • Aquel pantalón que no te queda, le servirá a alguien más
  • Aquel libro que ya no lees, lo leerá alguien más
  • Aquel rencor que llevas contigo, mañana dolerá más. Mejor soltarlo hoy
  • Aquellos juguetes que guardas porque te recuerdan tu infancia podrían animar a alguien en su infancia hoy

No hay que guardar como si la vida se acabara mañana sino soltar porque mañana la vida continúa.

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