Hablar Bien

Todo el día, todos los días, los mensajes nos bombardean. A algunos de estos mensajes los esperamos con ansias; es el caso de palabras de afirmación, ánimo, un rápido “te amo”. Otros mensajes apenas los notamos: el último jingle de la radio, vallas publicitarias a un lado de la carretera, correos electrónicos no deseados o textos que envían a nuestros teléfonos y tabletas.

Sin embargo, entre los mensajes más importantes en nuestra vida cotidiana están los que enviamos a los demás. No es que nuestros mensajes sean más importantes, pero estos son los únicos en los que podemos controlar el contenido. ¿Qué tipo de mensajes estamos enviando?

Una palabra equivocada e hiriente puede causar dolor y arrepentimiento que, en ocasiones, perduran para toda la vida. En un momento u otro, todos hemos deseado poder retractarnos de algo que hemos dicho.   Lamentablemente, eso es imposible.

No obstante, lo que sí podemos hacer es aprender el arte de hablar con gracia.

Salomón compara a las palabras bien escogidas con joyas preciosas.  (Proverbios 25: 11-12).  No solamente son preciosas y valiosas, sino que también son difíciles de encontrar.

Seamos claros: ¡no me refiero a que seamos aduladores! Hablar bien significa usar palabras honestas, consideradas y amables, que nacen de la gracia y son motivadas por el amor. En ocasiones, eso significa que nuestros mensajes pueden ser difíciles de ser escuchados, tal vez incluso rechazados, al menos en un inicio. Pablo muestra las características de un mensaje bien expresado en Efesios: Evitar ser ásperos o groseros, hablar lo que edifica y no lo que destruye, ser sensibles y ser ejemplos de integridad (Efesios 5: 3-4, 4:25, 29). La forma en la que hablamos entre nosotros es tan importante como lo que realmente decimos. La gracia que hemos recibido para nuestra salvación se extiende también a nuestro hablar. ¡Al ser dependientes de la gracia de Dios, podemos comprometernos a amar y animarnos mutuamente!

Proverbios: 25:11-12.  El consejo oportuno es precioso, como manzanas de oro en canasta de plata.  La crítica constructiva es, para quien la escucha, como un pendiente u otras joyas de oro.

Autor: Pastor Graham Bulmer

MDC/ag

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Por | 2017-05-30T09:37:19+00:00 28 Mayo, 2017|Vida Cristiana|

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