La flexibilidad o elasticidad hace que algo sea más resistente a la destrucción. Un edificio sismo resistente se debe a la flexibilidad de su estructura. También podríamos hablar de la flexibilidad como la capacidad o predisposición de una apersona al cambio. La flexibilidad de una persona no implica solo tolerancia, sino imaginación propositiva para plantear soluciones nuevas aun a muchos problemas tradicionales.
Para que alguien logre ser flexible debe tener una misión clara y una perspectiva no convencional para hacer las cosas. Por ejemplo, saber para qué existe uno es tan importante como saber dónde, cuándo, cómo y con quién alcanza sus metas y objetivos.
Sabemos que el mundo en el que vivimos hoy es diferente al de ayer, pero ignoramos cómo expresar con efectividad nuestra respuesta a las necesidades y circunstancias que tanto las personas como organizaciones esperan de nosotros en el tiempo actual.
Nuestras ideas deben estar enfocadas con imaginación para que no regresemos a la normalidad de la vida acomodada según la costumbre y la rutina. La flexibilidad al cambio requiere de intuición y sentido común, paciencia, compasión y sabiduría; así estaremos más preparados para seguir creciendo en la vida, a nivel individual y en forma colectiva. En este sentido, San Pablo, refiriéndose a la iglesia, es decir a la comunidad de creyentes, dijo que “el cuerpo entero depende de él (Cristo). Por medio de él, todas las partes del cuerpo están ligadas y se mantienen unidas. Cada parte cumple su función y así todo el cuerpo crece y se fortalece por el amor. Efesios 4:16 PDT.

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