El notable compositor y pianista Ruso Sergei Rachmaninoff cuenta una célebre anécdota que sucedió durante una presentación que él y un violinista amigo, interpretaban en la sala de conciertos del Carnegie Hall en Nueva York.

Todo era solemne y maravilloso, hasta que de repente el violinista colega se perdió en el texto de la música. Ansiosamente se acercó a Rachmaninoff e intentó orientarse en la partitura del compositor, pero no lo consiguió. Entonces le preguntó a Rachmaninoff nerviosamente: Dónde estamos, dónde estamos, Rachmaninoff sin dejar de tocar le contestó: estamos en el Carnegie Hall.

Desde el punto de vista espiritual estamos totalmente perdidos en el concierto de la vida, si no tenemos a Jesús en nuestro corazón. Cristo no vino a morir para sacarnos de los apuros meramente cotidianos, ha venido a rescatarnos de una vida de maldad y de pecado. Cuando le preguntamos donde estamos, él nos responde que estamos en sus manos y nos trae de nuevo al pentagrama de su melodía celestial, nos da una vida de esperanza no sólo temporal, sino para toda la eternidad.

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