Muchos libros de autoayuda tienden a darte pasos y tips para conseguir algo que deseas y anhelas, por lo general se basan en las necesidades básicas de los humanos, por ejemplo: ser feliz, tener dinero, tener amigos, tener una familia, etc. Cabe recalcar que mi afán no es ir en contra de estos libros, pues hay varias cosas que son muy útiles y podrías utilizarlo a tu favor, pero siempre es bueno ser crítico al momento de leer un texto, pues este está cargado de la ideología de su autor.

Una vez leí en un libro que te daba algunos consejos para obtener dinero y ponían al juego de mesa: “Monopolio” como un ejemplo extraordinario para que niños y adultos aprendan a generar dinero.

Cuando jugaba con mis primos y hermanos, me daba cuenta que muchos de ellos estaban obsesionados por ganar dinero y hacían todo lo posible para dejar en banca rota a los demás concursantes. Yo pensaba que era un simple juego, pero veía en sus ojos, la furia que emanaban cuando iban perdiendo, eso era real.

Desde entonces me puse a analizar el juego de mesa y me di cuenta el motivo de su fama, refleja a una sociedad capitalista que busca tener más sin importar qué hagas o a quién lo hagas. El juego es un espejo de la vida real, un monopolio sin caja y sin dados.

A través de la historia han aparecido varios personajes que han intentado darle una vuelta a la lógica de este juego, un ejemplo es Elizabeth Magie Phillips quien fue la mujer que inventó la idea de este juego de mesa, pero en su origen buscaba promover las ideas de un economista autodidacta llamado Henry George, quien pensaba que el monopolio de tierras era perjudicial para la economía.

Basada en las ideas de este estudioso, Elizabeth ideó el juego The Landlord’s Game, el juego del terrateniente, que patentó en 1903. Este tenía dos tipos de reglas muy particulares, una a favor del monopolio y otra en contra.

El juego iniciaba la partida repartiendo la misma cantidad de dinero para todos los participantes, pero con las reglas en modo “monopolio”, el ganador acaparaba muchas tierras, y los perdedores quedaban sin nada. En cambio con las reglas en modo “anti monopolio” (más ligadas a la idea del economista Henry George), se limitaba la especulación excesiva y las ganancias podían ser más equitativas para todos los participantes.

Con esta lógica puedo entender que es mucho más fácil vivir en armonía y comprendo la razón por la cual existen tantas guerras de intereses económicos alrededor del mundo. Si tan solo pudiéramos ver al “otro” como alguien a quién ayudar a potencializar sus fortalezas y no como un contrincante a quién derrotar, el mundo sería tan diferente.

Pero hay que aceptarlo, desde la escuela nos enseñan a ser mejor que el “otro”, la motivación principal de muchos es estar en ese cuadro de honor, en ese podio, caso contrario serás catalogado como inútil o burro.

No es un secreto que varios científicos o personajes exitosos, en su infancia fueros mal vistos dentro de su ámbito educativo, pues la gente asocia las buenas notas con el éxito, cuando a la larga nos damos cuenta que no es así. Es importante ser disciplinado en la escuela y colegio, pero lo realmente preocupante es que el resultado de tus buenas notas sea un trabajo individualista y con el objetivo de ser superior a los demás.

Por eso admiro a Jesús, cuando su seguidores se preocupaban por el puesto que les tocaría en el cielo, el prestigio que estaba destinado en su vida eterna, el maestro lanza una respuesta anti sistema, casi antimonopolista y dice lo siguiente:

Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos. Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos. (Mt. 18:2)

A esto podemos sumar las veces que hablaba de servir a los demás.

Así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.”

(Mt. 20:28)

Ahora cada vez que juegues “Monopolio”, asegúrate de ver tus actitudes dentro del juego, tal vez pienses que se trate de la euforia del momento o quizá así lo sea,  pero puede ser que solo así te des cuenta que has estado yendo por encima de los demás para llegar al “éxito” y ni siquiera te has percatado de las fortalezas de quienes te rodean.

Si tienes niños a tu cargo asegúrate de potenciar sus fortalezas, no vaya a ser que estés expulsando un próximo científico y tu nombre quede escrito como aquel descuidado que no pudo darse cuenta de la potencia que se sentaba en su clase.

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