El hombre y su vocación de autonomía

“El Señor le había dicho a Abram: «Deja tu patria y a tus parientes y a la familia de tu padre, y vete a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una gran nación; te bendeciré y te haré famoso, y serás una bendición para otros”. Génesis 12:1,2 NTV.

La vocación de autonomía, de pensar por sí mismo, exige a la vez hacer alianzas con otros para lograr sus objetivos. El hombre autónomo escoge tanto la libertad como el poder y su facultad de auto-gobierno y dirección. No obstante debe a la vez manejar la tentación de verse hipnotizado por el rostro del poder, que, monstruoso o maquillado, es siempre temporal.

La autonomía es, como era la filosofía para los filósofos de la antigüedad, un modo de pensar y actuar, pero también de aceptar la necesidad de vivir con los demás, por los demás y para los demás.

La autonomía exige un gran porcentaje de virtud: determinación, diligencia, iniciativa, capacidad de negociar y sentido de interdependencia.

Un hombre autónomo es de bendición para otros y eso empieza por casa. Solo un hombre que es de bendición para los suyo podrá ser de bendición para mucha gente.

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Por | 2015-06-29T11:00:18+00:00 29 junio, 2015|Matrimonios|

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Soy apasionado por mi familia, por las comunicaciones cristianas y por el café. Me encanta escribir y hablar, sembrar árboles y hacer negocios para el Reino de Dios. Me asombra la tecnología y el ciber-mundo donde me siento un forastero estupefacto.