El hijo que no fue pródigo, el hijo “bueno”

Había un padre que tenía dos hijos.

Uno de ellos se rebeló, se cansó de vivir en casa y se dedicó a la vida loca.

El otro se quedó en casa, era el hijo bueno.

Mientras el rebelde malgastaba la fortuna familiar, el obediente trabajaba día a día con su padre, esforzándose, poniendo todo de sí, siendo el correcto, el educado, el que no se fue. Era el hijo ejemplar.

Un día el hijo rebelde regresó y su padre hizo fiesta pues pensaban que había muerto. Tenerlo de vuelta era una alegría. Excepto para su hermano.

Su hermano el obediente, el ejemplar, en lugar de emocionarse con el retorno del rebelde, se enojó.

Estaba enojado porque su padre hizo fiesta. Estaba enojado porque su hermano recibía abrazos y palabras de ánimo por su retorno. Estaba enojado porque si alguien merecía una fiesta era él, no su hermano.

Merecía una fiesta porque él sí había sido obediente, él no se fue de casa, él se quedó haciendo lo que le pidieron. Nadie merecía una fiesta más que él, pero él no la recibió.

Pensó que quedándose y siguiendo instrucciones obtendría lo que buscaba. Probablemente no se quedó por amor a su padre, sino por calificar como el hijo del año, por ser el niño modelo, el que hace todo bien, pero hacer todo bien no es lo que se nos ha pedido.

Quizá tú eres el hijo que se fue y volvió. Sabes lo que es recibir una segunda oportunidad cuando ni siquiera mereces ser llamado “hijo”. Sabes lo que es caer a lo más profundo, poner la cara contra el pavimento, y ser recibido con amor.

Pero quizá eres el hijo que jamás se fue, el que se portó bien, el que cumplió los requisitos. Nunca supiste lo que es el dolor, nunca supiste lo que es ser juzgado, pero sobretodo, te olvidaste por qué estás en casa.

No te quedas en casa para recibir el premio a Hijo del año, si te quedas es por amor, porque es el lugar que no cambiarías por nada del mundo. No te quedas por lo que puedes obtener, sino por lo que ya has recibido, por lo que encuentras ahí: familia, paz, hogar.

A veces más perdidos están los hijos que se quedaron que los que se fueron.

 

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Por | 2017-01-29T18:15:38+00:00 19 Octubre, 2016|Vida Cristiana|

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Soy un joven al servicio de los jóvenes. Disfruto aprender y compartir con otros las lecciones que Dios me ha permitido vivir. Soy músico aficionado, fotógrafo improvisado y bloguero por gracia de Dios.