El Corazón de Dios, nuestro corazón

El corazón de Dios es, según Números 14:18, “lento para enojarse y está lleno de amor inagotable”. Eso suena muy bien, pero debido a que nuestros corazones no están tan inclinados a amar, es difícil para nosotros comprender por completo estas palabras. Sí, hemos visto el corazón y la mano de Dios en la historia, pero siempre eso ha parecido un poco distante. Hasta que vino Jesús.

Jesús, el Dios que se hizo uno de nosotros y vivió entre nosotros, nos ha ayudado a comprender y experimentar más plenamente el corazón de Dios. Al comprometerse con las personas, mostró amor incondicional.

La vida y el ministerio de Jesús se caracterizaron por la restauración y la reconciliación. Incluso la tristeza que experimentó cuando fue entregado para ser crucificado, fue la máxima demostración de amor y gracia.

¿Qué significa tener el corazón de Jesús? Pablo dijo que su meta más alta era conocerlo y tener comunión en sus sufrimientos (Filipenses 3:10). Pablo no fue un psicópata que encontró la auto-redención a través de la miseria. Sin embargo, se dio cuenta de que un compromiso incondicional de honrar a Dios, servirle y representarlo, a menudo incluiría, como sucedió en la propia vida de Jesús, experimentar la pérdida y el sufrimiento.

El amor auténtico no es pasivo ni permisivo. Estar dispuesto a amar como Dios ama, imitar el corazón de Dios, es un compromiso costoso y exigente. El auto sacrificio no tiene un valor redentor intrínseco a menos que esté arraigado en una pasión por Dios y por aquellos a quienes Él ha creado. Pues el amor de Cristo domina nuestras vidas. (2 Corintios 5:14). Su corazón es nuestro corazón cuando servimos y, si es necesario, cuando sufrimos el uno por el otro.

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By |2018-01-21T09:33:23+00:0021 enero, 2018|Vida Cristiana|

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