El Compromiso más allá del Anillo

Un muchacho entró con paso firme a la joyería y pidió que le mostraran el mejor anillo de compromiso que tuvieran. Entonces el joyero le presentó uno adornado con una hermosa piedra brillante.

El muchacho tomó el anillo en sus dedos, lo contempló y con una sonrisa lo aprobó, luego pidió el precio y cuando se disponía a pagarlo, el joyero le preguntó: ¿Se va usted a casar pronto?  ¿Casarme? Ni siquiera tengo novia, le respondió el muchacho.

Este anillo es para mi mamá -dijo el joven-. Cuando yo iba a nacer ella estuvo sola y desamparada, frente a esa realidad casi imposible de soportar alguien le aconsejó que me abortara. Pero ella se negó y me dio el don de la vida, a pesar que tuvo muchos problemas. Ella fue padre y madre para mí, fue amiga y maestra. Por ello, ahora que puedo le compro este anillo de compromiso, ella nunca tuvo uno. Yo se lo doy como promesa de que si ella hizo todo por mí, ahora yo haré todo por ella, concluyó el muchacho.

El joyero lo miró y no dijo nada, solamente ordenó a su cajera que hiciera el descuento que se hacía únicamente a los clientes más importantes.

Vivimos en tiempos de mayor libertad pero con menos compromisos. De crecimiento poblacional pero con menos afecto fraternal. De mucho conocimiento pero con menos principios absolutos. De exuberante humanismo pero con poca valoración por la dignidad humana. Por ello traigo a la memoria la importancia de valorar a las personas cuando las tenemos, no cuando las perdemos. Este grado de compromiso y valoración está en el corazón, más allá de los objetos simbólicos que lo puedan representar y fue lo que quiso enseñar Jesús cuando dijo que “Si decimos que amamos a Dios, y al mismo tiempo nos odiamos unos a otros, somos unos mentirosos. Porque si no amamos al hermano, a quien podemos ver, mucho menos podemos amar a Dios, a quien no podemos ver”. 1 Juan 4:20 TLA.

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Por | 2017-01-29T18:15:44+00:00 1 agosto, 2016|Matrimonios|

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Soy apasionado por mi familia, por las comunicaciones cristianas y por el café. Me encanta escribir y hablar, sembrar árboles y hacer negocios para el Reino de Dios. Me asombra la tecnología y el ciber-mundo donde me siento un forastero estupefacto.