El arte de vivir

¿Vives de manera que los demás estimen y te quieran imitar? ¿Te importa más ser aprobado por Dios que por las personas?  Creo que el secreto más grande para el éxito de la vida radica en la respuesta a estas dos preguntas.

Las personas gastamos centenares de horas pensando en cómo pasar  nuestros días en la tierra  y solo unos pocos minutos en cómo vivir la eternidad. ¿Será porque hacemos tan poco que no tenemos nada que perder? Me atrevo a pensar que el descuido por la vida eterna es porque no tenemos algo trascendente que ofrecer. Aún el gastar un buen tiempo pensando y filosofando en Dios puede ser irrelevante si Dios está fuera de la vida práctica y de la práctica de la vida. Por lo tanto, aunque sea bueno pensar en Dios, es mejor pasar tiempo con ÉL.

En realidad, aun quienes practicamos el cristianismo estamos distraídos de la dimensión perdurable de nuestra fe; deslumbrados por responder más a los deseos de la vida que a su significado.  Por ello Jesús advierte que: No todos los que dicen: “Señor, Señor” entrarán en el reino de los cielos, sino los que hacen la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en el día del juicio: “Señor, Señor, mira que en tu nombre hemos anunciado el mensaje de Dios, y en tu nombre hemos expulsado demonios, y en tu nombre hemos hecho muchos milagros”. Pero yo les contestaré: “Ustedes me son totalmente desconocidos. ¡Apártense de mí, pues se han pasado la vida haciendo el mal!”. Mateo 7:21-23 – BLPH (Biblia La Palabra Hispanoamericana).

Estamos para algo más grande que solo causar una buena impresión de nosotros a la gente. Dios quiere decirle algo relevante, tanto como algo agradable, al mundo por medio de nuestra vida. Eso nos pone ante la responsabilidad de dejar un legado cuyo impacto final solo se verá en la eternidad, cuando estemos cara a cara con Dios.

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Por | 2017-09-12T10:16:58+00:00 12 septiembre, 2017|Vida Diaria|

About the autor:

Soy apasionado por mi familia, por las comunicaciones cristianas y por el café. Me encanta escribir y hablar, sembrar árboles y hacer negocios para el Reino de Dios. Me asombra la tecnología y el ciber-mundo donde me siento un forastero estupefacto.