Es una realidad del ser humano: constantemente nos sentimos insatisfechos con lo que somos, con nuestra etapa de vida, con la edad que tenemos, con la realidad de que el tiempo avanza.

Cuando somos niños queremos ser grandes, cuando somos adultos añoramos volver a la adolescencia. Aparecen las arrugas y corremos a buscar cremas que escondan esas pequeñas evidencias de que ya no tenemos 17 o 18. Las primeras canas nos atemorizan y buscamos un tinte para ocultarlas.

Hoy quiero decirte: ¡disfruta la etapa en la que estás hoy!

Una de las particularidades del tiempo es que no regresa, así que tus 15 años son únicos, ¡tus 47 no se repetirán, tampoco tus 30! Cada época tiene su aprendizaje y su disfrute, hay que tener los ojos y el corazón abiertos para mirar qué podemos recibir, aprender, soltar.

Quizá quieres tener más años o retroceder el tiempo, es bonito pensarlo y añorarlo, pero es mejor celebrar que hoy tienes un día más con la edad en la que estás, con los amigos que tienes, con la salud que tienes. Es chévere soñar con otras épocas, pero más hermoso es valorar el día de hoy en el que Dios quiere hablarte, quiere caminar contigo, quiere enseñarte tanto.

Enséñanos a pensar cómo vivir para que nuestra mente se llene de sabiduría.

Salmo 90

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