Decisiones financieras en pareja

1. Considerar que Dios es dueño de todo y de todos, incluyendo de nuestro cónyuge. Nosotros no somos dueños de nada, solo somos administradores. Dios es dueño de toda la tierra y de todo lo que hay en ella; también es dueño del mundo y de todos sus habitantes. (Salmo 24:1)

2. Dado que no somos dueños de nada, tal realidad determina que somos únicamente administradores de la creación de Dios. Por lo tanto mi expresión “mi cónyuge” solo es una expresión adjetiva determinativa, no posesiva. Ante nuestro cónyuge en realidad somos “servidores” el uno del otro. Ponga cada uno al servicio de los demás el don que haya recibido, y sea un buen administrador de la gracia de Dios en sus diferentes manifestaciones. (1 Pedro 4:10 RVC)

3. Servimos para satisfaces necesidades, gustos y deseos de nuestro cónyuge a nivel físico-material, emocional, racional y espiritual.

Necesidades. Son las compras que hacemos para proveer necesidades básicas en la vida como el alimento, la ropa, el trabajo, un lugar donde vivir y la salud, entre otras. “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (1 Timoteo 6:8).

Gustos. Son aquellas cosas que satisfacen una necesidad básica en nuestras vidas, pero que son de una mejor calidad.

Deseos. Son las cosas que nos gustaría tener pero que no son necesidades básicas para nuestra subsistencia. De acuerdo con el plan de Dios, sólo se pueden comprar con fondos excedentes después que todas las otras obligaciones se hayan cumplido.

Ustedes, hermanos, han sido llamados a la libertad. Pero no usen esta libertad para dar rienda suelta a sus instintos. Más bien sírvanse los unos a los otros por amor. (Gálatas 5:13 DHH)

4. Ningún gasto de debe hacer por ostentación sino con moderación.

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Por | 2015-12-07T17:48:36+00:00 7 diciembre, 2015|Matrimonios|

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Soy apasionado por mi familia, por las comunicaciones cristianas y por el café. Me encanta escribir y hablar, sembrar árboles y hacer negocios para el Reino de Dios. Me asombra la tecnología y el ciber-mundo donde me siento un forastero estupefacto.