Cuidado con lo que Haces Cuando Nadie te Ve

Hace algunos años atrás, una institución me contrató para ser maestra de ceremonias de su aniversario. La matriz de la empresa que me contrataba, quedaba algo alejada de la ciudad donde vivo. Antes de empezar el evento los invitados iban llegando, socializando y riendo entre ellos; yo sin conocer a nadie esperaba en la esquina con el personal designado para sonido. Ahí en espera a iniciar la gran celebración por los cincuenta años de vida de esta empresa; empecé a recorrer con mi mirada la hermosa decoración del salón, a los meseros sirviendo bocaditos y las personas interactuando entre ellas; pero llamó mi atención una pareja de enamorados de lo más efusivos, él mantenía sus brazos alrededor de la cintura de ella y le repartía besos en el cuello. De hecho, creo que no hubiera mantenido mi observación en ellos, si él no hubiera sido el marido de una amiga.  Al pasar a la tarima, y estar de frente al público de esa noche, él me reconoció en seguida, palideció su rostro, se mortificó y pocos minutos después junto con su amante, salieron del salón.

Los seres humanos estamos continuamente tentados a dejarnos seducir por decisiones, acciones o pensamientos que nos pueden llevar a caminar en contra de lo que es bueno, de lo que conviene. Algunos batallamos por mantenernos en valores y principios; pero otros se van por el camino fácil, manteniendo una doble moral, un doble discurso, haciendo lo malo en oculto.  Como el esposo de mi amiga, creía que ahí, a cientos de kilómetros, lejos de su hogar, podía mantener un romance con otra persona, sin que nadie lo supiera; pero la vida tiene sentido del humor y todo lo que hacemos, tarde o temprano, sale a la luz. Y cuando hemos estado caminando en zonas prohibidas, la catástrofe llega tarde o temprano; y no solo para quien actuó mal sino para todos aquellos que lo rodean y lo aman.  Eso mismo causó la infidelidad oculta del marido de mi amiga, arrasó con su matrimonio, destruyó la vida de sus hijos, la de su esposa y la de él mismo; hasta el día de hoy su primogénito sigue visitando al psicólogo porque no ha superado la ruptura de sus padres.

La Palabra de Dios nos recuerda en Marcos 4.22 “Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a la luz”. Totalmente cierto, todo lo que hacemos, siempre saldrá a flote y traerá sus consecuencias buenas o malas, de acuerdo al tipo de acciones con las que hemos obrado. Claro que cuando hacemos algo en oculto es una señal de que estamos optando por cosas incorrectas; situaciones que de salir a la luz nos causarían vergüenza; áreas de nuestra vida de la que no estamos orgullosos.

Si este es tu caso, si estás caminando por zonas inadecuadas, que no convienen, que te provocan vergüenza, que solo lo haces cuando nadie te ve…, estás en peligro. Más rápido que tarde empezarás a experimentar el dolor de la consecuencia de tus actos. Te animo a parar antes que termines en completo desastre.

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By |2018-02-05T09:00:48+00:005 febrero, 2018|Vida Cristiana|

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