Como padres, queremos ser los mejores, para poder criar a nuestros hijos perfectos. Pero sabemos muy bien que en la realidad nuestros hijos no son perfectos y nosotros mucho menos. Una canción de Misty Edwards dice: “Todos los hombres están quebrantados, y los quebrantados quebrantan a sus hijos, quienes crecen hasta quebrantarse…” y si termináramos así, estaríamos fregados. Afortunadamente, la canción sigue con esperanza, “pero nuestro Dios es más grande que eso.”

A pesar de nuestras buenas intenciones, vamos a cometer errores en la crianza de nuestros hijos. ¡No nos demos por vencidos! A través de una perspectiva divina, nuestros errores son oportunidades para aprender, cambiar y crecer. Si ofrecemos nuestras luchas a Dios, Él puede hacer “todas las cosas hermosas en su tiempo,” (Eclesiastés 3:11).

Para las madres con hijos pequeños en casa, ¡tengan esperanza! Dios es soberano sobre los errores de crianza. Cuando se comete un error, es una ventana para ser un ejemplo, pedir perdón y hacer las paces. Su hijo necesitará esta habilidad en su vida. Podemos decirles a nuestros pequeños que hagan lo correcto, pero ser modelo aún es más poderoso. Como escribió James Baldwin, “Los niños nunca han sido muy buenos para escuchar a sus padres, pero nunca fallan imitándolos.” Dando ejemplo de pedir perdón e intentar de nuevo, revela que queremos que ellos interactúen con Dios, quien nos regala oportunidad tras oportunidad para empezar de nuevo.

Con los hijos mayores, tal vez usted hirió profundamente a su hijo, y a lo mejor los patrones de conflicto continuaron durante muchos años. No es tarde para cambiar. Nunca es demasiado tarde con Dios para que encuentre el perdón y experimente el renacimiento a nuevas pautas de vida. El anhelo de una buena relación con sus padres es innato en cada persona. Su hijo adulto puede estar ansioso para escucharle confesar sus equivocaciones como padre, recibiendo su humilde pedido de perdón con alegría. Dios ha restaurado muchas relaciones de esta manera.

Sin embargo, no hay garantía de que su hijo adulto esté abierto a la reconciliación. Siga intentando con ternura, y no presione. Pero puedo garantizarle que Dios entiende por lo que está pasando, porque Dios también nos ha dado a cada uno de sus hijos el libre albedrío para que lo aceptemos o lo rechacemos. Dios será nuestro consuelo y fortaleza en el viaje.

Incluso si su hijo se niega a relacionarse con usted, hay un gran regalo que puede ofrecerle y es la oración. Tal vez usted no era creyente cuando sus hijos eran pequeños, y nunca oró por sus vidas. No es demasiado tarde para darle a su hijo adulto la bendición de un padre que intercede por él. Pídale a Dios diariamente que cubra a su hijo con su amor y protección, y que guíe a su hijo a una relación correcta con Él y con los demás.

 

Beth Saavera

Iglesia La Viña

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