El pintor japonés Kiyokata Kaburagi es considerado el pintor de la belleza. Su estilo de arte es la perfección física. Todo lo que él pinta es hermoso. La fealdad no existe para el artista. Kaburagi había nacido en una familia acomodada y culta. Pero siendo todavía un niño, su padre fue a la quiebra y la familia enfrento duros momentos. Tal vez esta amarga experiencia, explica el sentimiento del artista por la belleza pura.

La Biblia nos dice que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Dios mira el corazón. Al Señor le interesa mucho más cómo se ve nuestro corazón que cómo nos vemos en el espejo. Así como el célebre pintor japonés, todos podemos encontrar algo en nosotros que nos parece feo y que nos gustaría cambiar, pero la verdad de la palabra de Dios nos ayuda a estar satisfechos con la manera en que fuimos creados.

No importa cuán amarga y fea pueda ser la realidad en este mundo. Dios nos invita a ver nuestra existencia desde su perspectiva para reconocer la belleza en la vida y en las personas que están cerca de nosotros y no centrarnos únicamente en su apariencia exterior. Definitivamente la belleza pura no está en la apariencia física sino en el lienzo de nuestro corazón.

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