Corazones Unidos Padres con Hijos

Tomado del libro “EL REGALO DE SER MADRE”, de Martha Claudia Mosquera

La pregunta aquí es ¿cómo enamoro a mis hijos?, como Dios te enamoró a ti. Con aceptación pero con límites en su conducta, con entrega total pero sabiendo que somos su autoridad, con una vida de oración, como Jesús nuestro fiel intercesor, con misericordia, en fin, ámalos con el corazón paternal de Dios para contigo.

Algunos consejos prácticos donde se demuestre esta entrega:

• Expresa tu amor de una manera que lo reciban.

Con respeto, aceptación pero en forma continua, abrázalos, el contacto físico trae bendición ya que les hace sentir seguro, les afirma y levanta. Recuerda lo que dice La Escritura, que será prosperado lo que toque nuestras manos: Prospéralos con tus caricias, abrazos y apretón de manos.

Ámalos con palabras de aliento, lo que más deben escuchar nuestros hijos es: “Yo te amo, y Dios te ama”. Hazlos oír el latido de tu corazón y diles que late así por amor. Bendícelos con lo que dice la Palabra, que ellos oigan de ti esa Palabra de Dios y será para ellos como espada. Ámalos en sus juegos, en la informalidad de dejarlos ser, y en el amor como forma de vida. Por escrito o a gritos diles cuánto los valoras, en esto se fundamentará su autoestima. Exprésales tu amor día y noche, y su tanque emocional estará lleno, su identidad familiar y su pertenencia emocional estarán resueltas, pues se sabrán amados.

Desde que nuestros niños están en el vientre hay que darles aceptación, hablarles, ponerles música contarles nuestra historia y explicarles quien es Dios. Acariciarlos, cantales, orar con ellos y por ellos y leerles Las Escrituras. Sus primeros años de vida, necesitan pasar la mayor parte de su tiempo con sus padres esto les da seguridad. Si tienes la opción como mamá de no trabajar y estar dos o tres años con ellos hazlo, la siembra que haces con ellos es una siembra de eternidad.

Cuando entran a la edad escolar, necesitan seguir jugando con sus padres, mostrar interés en su mundo, necesitan de la presencia de sus padres, para ellos esto es amar. Cuando están en la pre-adolescencia, debemos entrenarlos para los cambios que están por vivir insiste en conocer a sus amigos e invítalos a casa, acéptalos, siempre y cuando la influencia sea buena, esto dará confianza.

En la adolescencia es donde más se debe respetar sus opiniones, gustos y expresarles nuestra admiración. Necesitan afirmación por parte nuestra ya que se enfrentan a todo un mundo donde papá y mamá cada vez aparecen menos, equípalos para ser conquistadores.

• Compartan tiempos recreativos

Me imagino que ya has escuchado que la palabra amor los niños la deletrean como
“T-I-E-M-P-O”, y es una verdad: tiempo de calidad, además de cantidad. Para un hijo la presencia de papá y mamá da seguridad, confianza, gozo. Llena sus expectativas cuando el hijo se sabe importante para sus padres, por eso si vives sola con tus hijos, no le niegues al padre ejercer su rol, pues esto traerá equilibrio y seguridad a tus hijos. Ellos tienen derecho de conocer de dónde proceden y cómo es la familia del padre que está ausente, siempre que el papá lleve una vida digna y sea de influencia para nuestros hijos.

Tengan tiempos recreativos sin prisa, para compartir la vida juntos. Si juegas con tus hijos desde la infancia, estarás a su lado cuando sean adolescentes y jóvenes. Estarás en sus juegos de niños y en sus sueños de jóvenes, porque estarán acostumbrados a tu presencia y a sentirse tan cercanos, que será fácil que vivan cerca de Dios.

• Disciplinar es amar

Dios desde el principio puso límites al hombre, porque son necesarios los límites que dan seguridad al ser humano, debemos poner límites a nuestros hijos desde que nacen, límites en sus horarios, en sus juegos y cuando crecen, en sus permisos.

Desde niños repetía a mis hijos que el “no” es parte de la vida, que el “no” existe para protección, que el “no” es tan real como el “si”, y tan necesario. Cuando llegó la adolescencia no siempre estaban de acuerdo, pero aun así trataron de respetar el no, y con el tiempo lo lograron, no había una sonrisa en sus labios pero sabían que el “no” es parte de la vida.

Qué bueno que no podemos entrar en una calle en contravía, sería tan peligroso. Qué bueno que hay límites para la velocidad en una carretera, la señalización es puesta para nuestra seguridad. Así son los límites en nuestras vidas, Dios puso límites en nuestra vida por amor y por nuestra seguridad, así nosotros debemos poner límites a nuestros hijos, por amor y por seguridad. La disciplina es entrenarlos en hábitos que desarrollen su carácter, como los hábitos de higiene, de cortesía, de planificación, hábitos que desarrollen sus destrezas como practicar deporte o estudiar otros idiomas.

La disciplina abarca un entrenamiento efectivo para enseñar a nuestros hijos a crecer maduramente, siendo responsables de sus decisiones, acciones y relaciones. Hijos autónomos para poder extender sus alas y volar muy alto, tan alto como el viento del Espíritu les lleve y Dios pueda confiar en ellos y usarlos grandemente para cumplir el propósito eterno para el cual nacieron.

• Instrucción

“Instruye al niño en su camino y aún cuando fuera viejo, no se apartará de él”. (Proverbios 22:6).

Cuando nuestros hijos nacieron, recibimos el precioso título de ser madres o padres, pero implícita había otra palabra clave: “maestros de vida”. Al momento de nacer nuestros hijos, nos convertimos en sus maestros de vida. Los padres somos la mayor influencia para nuestros hijos, para bien o para mal. Decide este día, que tú serás su mayor y mejor influencia

En esta Escritura, el verbo “instruir” significa “entrenar”. No habla de solo dar la enseñanza teórica, sino de enseñarles con la práctica, como a un nadador no basta con explicarle la técnica de cómo nadar algún estilo específico, hay que lanzarlo a la piscina, que se moje, así aprenderá, nadando. Si queremos hijos piadosos, hay que entrenarlos, que hagan servicio social desde niños, si queremos que sean “grandes siervos de Dios” que empiecen desde chicos sirviendo en las iglesias, grupos en casa, desarrollar en ellos un carácter de servicio.

Si queremos que desarrollen un verdadero carácter cristiano, ensenémosles los rasgos del carácter de Cristo y practiquemos en casa, por ejemplo: la humildad, la mansedumbre. Enseñemos con el ejemplo y busquemos oportunidades para que adopten y amen los principios de vida cristiana.

Define como familia cuáles serán los valores medulares no negociables que viviremos en casa y fuera de ella.

1 Corintios 13 nos regala cimientos de vida para nuestro hogar: fe, esperanza y amor.

• Fe en Jesucristo, su vida, su muerte, su resurrección, su señorío.
• Fe en el corazón paternal de Dios, en el mover del Espíritu Santo, en la Palabra de Dios.
• Toma la decisión de ser una familia de Fe, donde el centro de nuestra fe es Cristo. No creo ser una mujer con una gran fe, soy una mujer con un gran Dios. El es el centro y autor de nuestra fe.

• Esperanza, en el libro de Hebreos indica que es el ancla del alma, lo que aquieta nuestras emociones es la esperanza puesta en Él, la certeza de su amor y su carácter. Dios es bueno, no importan las circunstancias. Dios es soberano y puedo confiar cada mañana en su bondad, en su amor, en su veracidad, mi esperanza se basa en su carácter.

• Amor, Dios es la esencia del amor: ¡Él es amor!, no solo una fuente de amor. Romanos 5:5”y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” habla que ha derramado su amor a nuestros corazones ¡Glorioso milagro!, podemos amar con Su verdadero amor. La fe obra por el amor. Gálatas 5:6b “sino la fe que obra por el amor.” ¿Sabes por qué? Porque no se puede dudar de quien se ama, yo le creo porque le amo. Decide hoy amar con Su amor. Ser una familia que elige por el amor.

Vive en veracidad
Vive La Biblia en Casa es Vivir desde casa una cultura de honra, de respeto, honrar a Dios con toda mi vida, honrar a nuestros padres, honrar a nuestras autoridades, honrar a mi esposo, honrar a mi amigo, honrar a mis hijos; como dice Pedro: “tratar a los otros como superiores a mí mismo”. Te imaginas tratar a tu esposo como superior a ti, sin competencia. Y al corregir a tus hijos no olvidar tratarlos como superiores a ti. Si viviéramos esta enseñanza, nuestros pueblos ya hubieran creído en Jesús.

La veracidad es ser íntegro. La verdad no es una filosofía, una idea, un concepto abstracto. La verdad es Jesús. Él declaró: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” Juan 14:6.

Él es el camino, sigamos sus pasos; Él es la verdad, seamos veraces e íntegros. Si amamos a Jesús, entonces debemos amar la verdad. Él es la vida, sin Él no tenemos vida, solo sobrevivencia, Él es nuestra vida. Modelemos y enseñemos de manera deliberada la integridad a nuestros hijos. A pesar del costo, oremos a Dios por ser familias íntegras.

Hay otros principios de vida que la Biblia nos enseña, ¡vivámoslos!, y al vivirlos será nuestra herencia hecha carne para nuestros hijos. Valores como el amor al trabajo, ser responsables. Desarrollemos por escrito cuáles serán los cimientos, los fundamentos que sostendrán nuestro hogar.

Sabias que la Torre Pisa en Italia fue diseñada para ser la más alta de su época y vertical. Pero desde los primeros años se empezó a declinar. Los especialistas declararon que esto se dio por falta de cimientos. Tomando este ejemplo, procuremos que los cimientos de nuestros hijos sean tan profundos, que cuando Dios los levante, no cedan ante la fama, el poder, prestigio, dinero, sino que se mantengan en su diseño original: rectos e íntegros.

Sueña con tus hijos

Exprésales tu amor teniendo sueños para ellos, nuestros hijos son un sueño de Dios, con su ayuda tu y yo, lo podemos hacer realidad. Soñar con nuestros hijos es darles expectativas de vida. No nacieron para pasar desapercibidos, no nacieron para ser copias, son únicos, cada ser humano nació para trascender.

Dios quiere mostrarnos el sueño (propósito) que tiene para cada uno de nuestros hijos, para que los eduquemos, entrenemos, y lancemos a ese blanco. Escucha el corazón de Dios, escucha el corazón de tus hijos, escucha los sueños de tu esposo y los tuyos y sintonízalos al sueño de Dios.

Como vimos el ejemplo de Jeremías el profeta, Dios habla con él, le enfatiza que lo conoce desde antes de nacer, le llamó por profeta desde el vientre. Dios planeó a nuestros hijos para un propósito de vida específico, y con ese plan los diseñó, sus talentos, su carácter, su físico, sus limitaciones, son un diseño perfecto. Él ya los tenía planeados y llegado el tiempo los creó en nuestro vientre, ninguno de nuestros hijos es un accidente.

Esta generación que conoce, usa y en ocasiones abusa de los métodos anticonceptivos, cree que puede decidir sobre el número de niños por familia, ¡sorpresa!, es Dios quien nos conoce y nos concede ser padres, es Dios quien escoge nuestro vientre para hacer una morada temporal, una cunita viviente de nuestros hijos.

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Por | 2017-01-29T18:15:43+00:00 5 agosto, 2016|Familia|

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