Compromiso que persevera

Me gusta la ebanistería y descubrí que para clavar un clavo hay que darle decenas de martillazos. Eso me llevó a aprender también que es la gracia de Dios lo que nos da una segunda oportunidad, pero la constancia personal es la virtud de seguir intentando. Las personas fuertes son fieles a la esperanza y no sucumben ante la idea de abandonar lo que han empezado, significa que enfrentan la vida de manera activa y no pasiva. Por ello es de precisar que la constancia está determinada por el carácter y las convicciones. El apóstol Santiago observa que “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.” Santiago 1:8 (RVR1960). El mismo apóstol exhorta con vehemencia contra la falta de constancia de los creyentes: ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón!” Santiago 4:8b (NVI).

Ser constante en mantener los compromisos es el rasgo fundamental que evidencian las personas que gozan de aprecio. Arturo Graff dijo que “La constancia es la virtud por la que todas las cosas dan su fruto.”

El valor de la constancia es un elemento catalizador que nos ayuda a definir una dirección y un rumbo a la vida, nos permite saber hacia dónde vamos. Muchas relaciones se estropean en el camino porque pierden su dirección y perseverancia. Por ello no podemos abstraernos de la importancia de tener en nuestras relaciones de pareja una visión concreta, unas metas específicas por alcanzar y mucho empeño. La vaguedad y las generalidades respecto a la definición de los proyectos individuales de vida inhiben la motivación y el entusiasmo. Si deseas sentir realización debes actuar y responder de manera proactiva frente a lo que te hace feliz y a con quién te conectas, eso debe ser algo que puedas medir y evaluar en forma permanente para ver cuánto estás avanzando.

Duval Rueda Espinoza

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Por | 2017-01-29T18:15:36+00:00 28 noviembre, 2016|Matrimonios|

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Soy apasionado por mi familia, por las comunicaciones cristianas y por el café. Me encanta escribir y hablar, sembrar árboles y hacer negocios para el Reino de Dios. Me asombra la tecnología y el ciber-mundo donde me siento un forastero estupefacto.