Compromiso con la práctica rigurosa de hábitos espirituales

Aprender el idioma español ha sido un desafío para mí. ¡Las personas que me conocen y me han escuchado, saben que lo que digo es verdad! En parte es porque mi memoria es frágil y en parte porque me siento ansioso de solo hablar (¡a menudo sin pensar, pero eso también lo hago en inglés!).  Se suma a esto, una actitud de “salga como salga”. Pero solo hay una forma para llegar a hablar un idioma con fluidez: Disciplinarse para adquirir buenos hábitos de aprendizaje de idiomas.

Uno de mis personajes favoritos de la Biblia es Daniel, un modelo de buenos hábitos. Como exiliado judío experimentó la necesidad de aprender otros idiomas, y lo hizo de forma sobresaliente.  Se convirtió en un importante líder de la política babilónica. Aún más impresionante, logró modelar integridad, aunque estaba rodeado de corrupción.

Daniel desarrolló fuertes hábitos espirituales. Cuando experimentó las más intensas presiones personales y políticas, sus hábitos permanecieron. ¡De hecho, era su compromiso con esos hábitos espirituales que en ocasiones lo metieron en problemas! Pero en vez de abandonarlos, mantuvo su rigor y disciplina como expresión de su fe en Dios.

No hay sustituto para los hábitos espirituales rigurosos. Nos sostendrán en nuestros momentos de crisis y nos equiparán para madurar a la semejanza de Jesús, y eso tendrá un impacto positivo en nuestros roles dentro de nuestras familias, iglesia y comunidades.

La fe es como un músculo; a menos que seamos disciplinados para fortalecerla, nunca creceremos. Al igual que Daniel, debemos comprometernos con la práctica de hábitos espirituales rigurosos.

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Por | 2017-09-09T23:54:27+00:00 9 septiembre, 2017|Vida Cristiana|

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