Hola.

Cuando supe que tu cabecita estaba siendo atacada por esta enfermedad, no dudé en ningún momento en aprender sobre ella todo lo que me fuera posible. Quería entender el comportamiento que a partir de entonces ibas a tener. Quería saber todo lo que el Alzheimer te iba a deparar. Tú y yo siempre hemos estado muy unidos, y por lo tanto no era justo que ahora estuvieras tú solo, ante tu enfermedad.

Poco a poco, fui aprendiendo que llegarías a convertirte en un niño, pero la diferencia estaba en que, así como un pequeño aprende momento tras momento, paso a paso, tú ibas a recorrer de vuelta todo el trayecto que en tu vida habías realizado.

Y aprendí qué harías muchas cosas incomprensibles para los que te rodean, que tus ojos irían perdiendo ese brillo que a todos nos da el diario vivir, porque ibas a comenzar otro largo viaje.

Sé que esto va a ser difícil, incluso ya me duele ver tu desesperación cuando te das cuenta de todas las limitaciones que cada día surgen. Y no es fácil sonreír ante tus confusiones y despistes, es duro aparentar que no me doy cuenta de que incluso ya te cuesta mucho mantener conversaciones conmigo.

Siempre he dicho que la vida es una carrera y que debemos seguir corriendo, a veces simplemente caminando, hasta alcanzar la meta. Sabes que si estuviera en mi mano yo correría esta carrera por ti, pero eso no es posible, es la tuya y yo lo único que puedo hacer es correr a tu lado, ser tu apoyo.

Quiero que llegues a la meta sin que dejes de sentir cuanto te amo y a pesar de que sé que llegará el momento en que ni siquiera me reconozcas, quiero que estés seguro de que siempre podrás sostener mi mano.

La memoria puede olvidar, pero los corazones no, y los nuestros estarán juntos para toda la eternidad. Que Dios me dé vida y sabiduría para cuidarte.

Te amo, no importa cuando leas esto…siempre será así.

 

Adaptado de : Alicia Ruiz – Profile.

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