Aunque me parece que hablar de este tema es una radiografía al corazón o mejor dicho un ecocardiograma (para decirlo de manera correcta en términos médicos), creo que es muy necesario tratarlo para permitirnos mejorar ciertas áreas en las que quizá estamos fallando.

Tengo que reconocer que algunas veces (y en momentos muchas veces) me enojo con facilidad y no significa que esto me haga sentir orgullosa de mi misma, es una condición con la que me enfrento cada día, intentando cambiar y viviendo el proceso de hacerlo.

Sin embargo, creo que las principales participantes para este cambio han sido mis nenas porque me han enseñado a ser mamá y juntas hemos crecido poco a poco, a veces con errores, pero siempre buscando la excelencia en lo que hacemos, anhelando formar hombres y mujeres de principios y valores.

Las principales enseñanzas que tenemos de nuestros hijos son: dependencia de Dios, humildad, fe, esperanza, entrega, dominio propio, entre otras que son una lista interminable.

Pero… ¿qué pasa cuando mamá se enoja? La ira no solo es una emoción del corazón, o una condición espiritual, necesitamos también ser reales, poniendo los pies en la tierra y con un plan o estrategia a seguir, te planteo algunas ideas que pueden ayudarnos a mantener el control:

 

  • Si es que has vivido un momento de ira o enojo en algún momento, debes hablar con tus hijos y establecer límites en cuanto a su conducta, de esa manera evitamos llegar al límite del enojo.

 

  • Aunque respirar, contar hasta diez o hasta mil, puede resultar… hay momentos en los que definitivamente esta estrategia no funciona. Debemos cuidar en no lastimar sus emociones, porque podríamos arruinarlo todo. En lugar de decir, eres un irresponsable, debemos decir, debes aprovechar el tiempo, es mejor hacer las cosas con anticipación y no dejar todo para el último. Enfócate en tu hijo y no en el error que cometió.

 

  • No debemos culparles por lo que sucede: es decir evitar usar frases como, por ejemplo: Si no te apuras, vamos a llegar tarde, pero mira lo que haces, no te fijas que dañaste el día. Asumamos la responsabilidad en nuestra parte también.

 

  • Debemos descansar, poner prioridades, porque si no descansamos, estamos irritables, sin paciencia. Eso es perjudicial para la familia.

 

  • Salir a caminar: cinco, diez minutos, lo que puedas, ayuda mucho a disipar la mente y pensar.

 

  • Nunca dejes de pedir perdón, nuestra ira produce vergüenza luego de actuar, tenemos que rápidamente acercarnos a nuestros hijos para que no tengan resentimiento en sus corazones, ya que esto es algo con lo que no quieres luchar más adelante.

 

  • La oración, es infalible, no pude faltar en nuestro día a día para actuar de una manera más inteligente.

 

Recuerda que tienes en tus manos la oportunidad de comenzar de nuevo con tus hijos, no te califiques como una mala madre, estamos aprendiendo, apóyate en Dios para lograr construir un hogar, un refugio para tus hijos.

 

Manuel Dávila

Radio HCJB

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